Aida Mariam Davis, fundadora de Decolonize Design, desafía los paradigmas coloniales para ofrecer un nuevo camino hacia la liberación de los pueblos negros, indígenas y oprimidos.
La última década ha traído consigo avances reales en materia de justicia racial en Estados Unidos. Los estadounidenses han sido testigos de logros políticos tangibles: experimentos para desinvertir en la policía y reinvertir en las comunidades; políticas públicas locales y estatales sobre reparaciones; las órdenes ejecutivas del presidente Joe Biden de 2021 y 2023 centradas en la equidad racial; y el reconocimiento del Juneteenth como fiesta federal en 2021.
Junto a estos logros, las instituciones progresistas se esfuerzan por transformarse para alinear mejor su misión con sus prácticas operativas, y este objetivo requiere la sanación individual de sus miembros. Como escribí en “Building a Reparative Organization and Nation” (Construir una organización y una nación reparadoras), las personas que forman parte de organizaciones de movimientos sociales que están construyendo poder y, por lo tanto, lidiando con el trauma históricamente asociado al poder, tienen trabajo por hacer para sanar ese trauma y aprender a poseer, distribuir y ejercer el poder para lograr la justicia. Este es un camino largo, porque nos obliga a actuar tanto a nivel micro como macro. Debemos ser intencionales en cuanto a sanarnos como individuos, y debemos transformar las instituciones para que no perpetúen los ciclos de daño. Muy a menudo, esta carga recae sobre quienes soportan el peso más pesado de la opresión estructural en la sociedad. Desaprender las formas opresoras de operar, especialmente en nuestro sistema capitalista racial, es un trabajo constante y agotador.
Escritores como Prentis Hemphill y adrienne maree brown están abriendo este camino, y el primer libro de Aida Mariam Davis, Kindred Creation: Parables and Paradigms for Freedom (Creación africana: parábolas y paradigmas para la liberación), continúa en esta línea. El libro traza un camino hacia la sanación de los pueblos negros y oprimidos a través de un proceso colectivo de desafío al colonialismo. El libro “va radicalmente a la raíz para comprender las circunstancias, crear nuevos lazos, estudiar y luchar juntos y, lo más importante, cuidar el desarrollo espiritual propio y ajeno”, explica Davis. Crear este vínculo “no se trata de reformar o descolonizar el diseño”, añade Davis, con un sutil guiño a su trabajo como fundadora de la consultora Decolonize Design. Más bien, “se trata de recuperar quiénes somos... sin la imposición de la sociedad colonizadora, y se trata de custodiar las prácticas culturales y la sabiduría indígenas africanas”. En esencia, este libro recuerda a los pueblos negros, indígenas y oprimidos cuánto poder tenemos sobre nuestra propia sanación y cómo la libertad que buscamos está lista para ser cultivada cuando miramos dentro de nosotros mismos.
La estructura tripartita del libro —re-membrar el colonialismo, rechazar el pensamiento y las instituciones colonizadoras, así como recuperar las culturas y la sabiduría para crear nuevas formas de relacionarnos— presenta una guía de prácticas de liberación para los negros, los indígenas y los pueblos oprimidos. Las ideas de Davis nacen de los textos de escritores y pensadores de diferentes épocas, géneros y geografías: se inspira en la poesía y la prosa, parábolas y profecías, así como en conceptos del diseño organizacional y el liderazgo.
La primera práctica, re-membrar, implica descolonizar nuestras mentes al aprender de la historia y el pensamiento negro e indígena. Davis explica que el guion es “deliberado para demostrar la función principal de la palabra: reunir a los miembros o personas del evento o experiencia que se recuerda”. En breves secciones sobre la tierra, el lenguaje, el estilo de vida y el trabajo, describe cuán profundamente el marco colonialista impregna nuestras vidas, al tiempo que arroja luz sobre las nuevas formas de conocimiento que ofrece re-membrar. Por ejemplo, aclara el papel de re-membrar en mantener una verdadera reverencia por la tierra: “La tierra es el suelo sagrado y regenerador que nos conecta con nuestros antepasados, el hogar de nuestros parientes no humanos, nuestra comida y farmacia, nuestra biblioteca y la fuente de todo lo que nos sustenta», escribe. La reconexión permite lo que ella denomina un “cambio de paradigma”: la tierra es “cultural y recíproca”, no “comercial y mercantilizable”. Es difícil subestimar el impacto potencial de tal cambio de paradigma, especialmente en lo que respecta al mundo natural. Imaginemos, por ejemplo, lo fácil que sería abordar la crisis climática si los sistemas económicos y democráticos mundiales se construyeran para reforzar la tierra como cultural y recíproca, no como comercial y mercantilizable.
Davis describe varias estrategias para re-membrar, entre ellas cambiar el marco colonialista sobre cómo los individuos entienden el mundo. “La historia de la esclavitud y el genocidio no debe considerarse historia negra o indígena”, sostiene Davis, «sino más bien historia blanca, ya que es el pasado violento, horrible y vergonzoso de los colonos blancos». Este replanteamiento de la historia es pedagógico y abre un mundo de preguntas y posibilidades: ¿qué pasaría si el aprendizaje sobre la esclavitud y el genocidio no se relegara al Mes de la Historia Negra, sino que se centrara en un plan de estudios cuyo único propósito fuera crear agentes de reparación de ese daño? ¿Qué pasaría si ofrecieran una vía para desligar la blanquitud de la supremacía blanca?
Rechazar, la segunda práctica, invita al lector a llevar el fruto de sus esfuerzos de re-membrar al proceso de resistencia. Este trabajo comienza por “definirse a uno mismo por uno mismo”, escribe Davis. “Nadie está más cerca de tu experiencia vital que tú. Nadie entiende las experiencias decisivas, los recuerdos, los traumas, las alegrías y las circunstancias que te han llevado a donde estás hoy, nadie excepto tú”. Si re-membrar establece una aspiración hacia un nuevo modelo operativo, rechazar aclara las prácticas de alejarse del statu quo y acercarse a esa aspiración. Rechazar el statu quo genera tensión y, por lo tanto, requiere un sentido de propósito anclado y fundamentado que solo se puede lograr a través de una comprensión íntima de uno mismo.
Davis ofrece una serie de rechazos, desde descansar hasta boicotear, hasta permitirnos sentir todo el espectro de nuestras emociones. Se aventura en los rechazos estructurales al enfrentarse a marcos como el design thinking y la diversidad, la equidad y la inclusión, y describe por qué siguen siendo insuficientes: este trabajo no se limita a lo que debemos desmantelar, sino también a lo que debemos construir. Davis describe que ella misma tuvo una revelación durante el proceso de escritura del libro, lo que la llevó a cambiar el título de Descolonizar el diseño a Kindred Creation. La distinción es sutil pero clara: crear tiene una energía diferente, más orientada al futuro, que descolonizar.
Davis explica que, combinadas, las tareas de re-membrar y rechazar crean el espacio para recuperar, no solo en términos de “recuperar o devolver algo que fue robado o perdido”, sino también en términos de cultivar con visión a futuro. Describe formas críticas de recuperar la libertad a través de las relaciones, la narración de historias y los cuidados.
La promesa de Kindred Creation reside en cómo entreteje el diseño en todo momento. Davis ilustra de forma contundente un punto profundamente infravalorado: las personas diseñaron nuestros sistemas para que fueran racistas y supremacistas, por lo que las personas pueden ser los agentes que los rediseñen. Con demasiada frecuencia, nos quedamos atrapados en la creencia de que lo que es siempre será, pero la historia nos muestra que nada es inmutable. Este libro ilustra cómo nuestros sistemas han sido diseñados para la dominación. Un hecho deprimente que, si cambiamos el marco, también es esperanzador: significa que podemos diseñar para la reparación y la libertad.
Por ejemplo, Davis describe cómo la blanquitud ha sido diseñada como una herramienta para acumular y mantener el poder (“fue una construcción social diseñada para establecer una supuesta superioridad de un grupo sobre los demás”) y describe por separado cómo la resistencia de los pueblos oprimidos facilita “la restauración de la dignidad del opresor al permitirle reparar el daño”. Conectar estos puntos proporciona una hoja de ruta para erradicar el racismo internalizado. Para las personas negras que intentan sobrevivir en sistemas construidos sobre la supremacía blanca, es un bálsamo definitivo recordar que la superioridad blanca es ridícula, aunque mortal, y que sostener ese espejo cura tanto a las personas negras como a las blancas.
Aunque es eficaz a la hora de señalar ejemplos de pensamiento colonialista, el libro carece de un análisis más profundo sobre por qué ciertos ejemplos son perjudiciales. Por ejemplo, Davis califica la clase «Diseñar para pertenecer» de la Stanford d.school como “insultante” e “intelectualmente perezosa” porque no ofrece “cuidado, intención y rigor a los más perjudicados por la subyugación, la explotación y la violencia”. Como graduada de la Universidad de Stanford, estoy muy consciente de las prácticas y el legado problemáticos de la institución; por ejemplo, el presidente y rector fundador, David Starr Jordan, fue un destacado eugenista. Sin embargo, Davis no explica por qué o cómo la clase es insultante, por lo que la afirmación sigue sin estar fundamentada.
Además, este libro está escrito expresamente para personas negras, indígenas y otras poblaciones oprimidas, y muy poco espacio se dedica al papel de las personas blancas o descendientes de colonizadores. El alcance de Davis es deliberado y admirable: las personas negras, indígenas y oprimidas necesitamos obras que sean solo para nosotros y que no se centren en los opresores. Sin embargo, esto crea una tensión fundamental, porque ¿quién, en 2024 en Estados Unidos, es únicamente opresor u oprimido? Siguiendo la dirección de Davis de afirmar las identidades completas y complejas de todas las personas, me resulta difícil clasificar a la mayoría de las personas como únicamente una cosa u otra.
Tomándome a mí misma como ejemplo, las múltiples identidades que tengo como mujer negra, mestiza y directora ejecutiva de una organización sin ánimo de lucro complican la dicotomía opresor/oprimido. En la mayoría de los ámbitos se me considera negra y, por lo tanto, soy miembro de un pueblo oprimido; sin embargo, tengo la piel clara, lo que representa la blancura del opresor. Tengo poder por mi cargo como directora ejecutiva de una organización sin ánimo de lucro; sin embargo, se me subestima y se me menosprecia constantemente por ser una mujer en un puesto de liderazgo. Tengo que seguir las reglas del juego para recaudar fondos en nuestro actual sistema capitalista racial con el fin de pagar a mi personal y permitirles vivir; sin embargo, dirijo una organización centrada en erradicar la anti-negrura de la que depende el capitalismo racial para funcionar.
Estas realidades crean cuestiones complejas, tácticas y trascendentales con las que lucho cada día. Intento poner en práctica muchas de las ideas que Davis defiende al re-membrar, rechazar y recuperar. “Re-membrar” consiste en decir la verdad sobre la historia de este país [Estados Unidos] y lo que se le debe al pueblo negro. “Rechazar” implica contrariar las estructuras institucionales del statu quo y construir una organización que refuerce la humanidad, la integridad y el bienestar de su pueblo. “Recuperar” incluye infundir cuidado en todo lo que hacemos en Liberation Ventures, una organización sin ánimo de lucro que acelera el movimiento para la reparación racial. Y, sin embargo, todo esto requiere dinero, lo que requiere trabajo, lo que requiere capacidad, lo que requiere personal, lo que requiere dinero... y el agotamiento vuelve a aparecer. Como una persona profundamente comprometida con la búsqueda de mi propia libertad y la de los demás, sigo anhelando más espacio, profundidad y apoyo para lidiar con el hecho de que construir un mundo nuevo a menudo requiere perpetuar el antiguo, y mantener abierto el espacio liminal resulta, a veces, insoportable.
En su parábola sobre la gran mesa, Davis describe que la mesa representa los amplios sistemas sociales y las formas de pensar y conocer. Invita al lector a plantearse preguntas importantes: ¿para qué sirve una mesa y qué hace que valga la pena unirse a ella? Describe su propio deseo de rechazar la mesa colonialista, pero se queda ahí. Me quedé con ganas de más: ¿es realmente posible un rechazo total? ¿Qué otros caminos y roles existen? ¿Cómo los desempeñamos? ¿Cómo pueden trabajar juntas personas con diferentes puestos?
Para reparar el mundo, creo profundamente que nos necesitamos a todos nosotros, desempeñando diferentes funciones. Algunos en la mesa distraen a nuestros opresores mientras socavan la madera por debajo. Otros, en la habitación contigua, construyen una nueva mesa. Otros diseñan una estructura que no es una mesa en absoluto, sino algo nuevo. Y debemos estar estratégicamente conectados y en profunda relación unos con otros, calculando los movimientos que debemos hacer para lograr la libertad que todos merecemos.
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Autora original:
- Aria Florant es cofundadora y directora ejecutiva de Liberation Ventures.
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Este artículo es contenido original de la revista de Stanford Social Innovation Review publicado en la edición invierno 2025
- Traducción del artículo A Blueprint for Liberation por Fernanda Iriarte, con apoyo de Deep L
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