El programa de capacitación de la empresa social Take2 ofrece una segunda oportunidad a personas que han salido de la cárcel y se reincorporan al mundo laboral.
El sistema de rehabilitación para prisioneros en Nueva Zelanda es un fracaso. La tasa de encarcelamiento del país es de 173 personas por cada 100,000, mucho más alta que otras economías de altos ingresos. Por ejemplo, en Australia la tasa es de 158 por cada 100,000, y en Noruega, cuya población tiene un tamaño comparable al de Nueva Zelanda, es de 52. Las tasas de reincidencia también son altas: casi el 57% de los expresidiarios son condenados nuevamente antes de los dos años, y el 36% son encarcelados después de sus dos años de liberación. Las investigaciones muestran que el empleo reduce la reincidencia, pero las personas que ha estado en prisión se enfrentan a barreras significativas para obtenerlo, incluyendo el requisito de informar sobre cualquier condena penal en sus solicitudes de empleo, el cual descalifica automáticamente su candidatura para el puesto.
Cameron Smith fue testigo de la dificultad que tienen los expresidiarios para conseguir empleo cuando trabajaba como consultor de selección de personal en la firma de reclutamiento personal Michael Page en Auckland, Nueva Zelanda, durante 2013. «(Estas personas) están tratando de volver a encarrilar sus vidas, pero ya sea que su error haya ocurrido hace un mes, un año o 10 años, nosotros como sociedad les ponemos muchas barreras», afirma.
Cuando Smith asumió un puesto directivo en una empresa de inversiones de impacto con sede en Auckland unos años más tarde, se dio cuenta de que había innumerables oportunidades laborales en el sector tecnológico, pero que había escasez de talento y falta de diversidad. A partir de esta observación, se preguntó si podría salvar esas brechas con un grupo de gente talentosa en espera de una segunda oportunidad en la vida.
Esta pregunta inspiró a Smith a fundar Take2 en 2019. Take2 es una empresa social que ofrece a las personas en prisión un programa de capacitación de 9 a 12 meses en el que aprenden habilidades de desarrollo web y destrezas sociales como el trabajo en equipo y la comunicación. Take2 se ha asociado con algunas de las principales empresas tecnológicas de Nueva Zelanda, como RUSH y Datacom, para facilitar la contratación de los graduados de su programa una vez que sean liberados. Las alianzas son una decisión estratégica, explica Smith, porque añaden credibilidad al programa. «También hay mucha estructura, formación y apoyo en una organización más grande, que es un lugar de aterrizaje ideal para que nuestros graduados se integren a la fuerza laboral», explica. Las alianzas son mutuamente provechosas porque los socios contratan a los graduados de Take2 para cubrir su escasez de talento tecnológico, y eso impulsa sus esfuerzos de diversidad e inclusión, ya que más de la mitad de los encarcelados en Nueva Zelanda son maoríes o isleños del Pacífico.
Capacitarse y prosperar
El programa de Take2 consta de dos fases: el programa de capacitación laboral, el cual toma lugar durante el encarcelamiento, y dos años de apoyo tras la liberación y reinserción social del graduado. Durante la capacitación se ofrecen clases de programación y otras tecnologías de desarrollo web, además de talleres técnicos y charlas motivacionales por parte de los socios empleadores. «Traer a los socios empleadores a las aulas de la prisión y que (los estudiantes) los oigan decir ‘Valoramos tus antecedentes, y aunque cometiste un error, eso no te impedirá tener una carrera en nuestra organización o en el sector tecnológico’ es realmente impactante para ellos», refiere Smith.
Otra parte esencial del programa es el plan de estudios de habilidades para la vida. Dylan Wiggill, ex facilitador de aprendizaje de Take2, y codiseñador del curso, desarrolló un enfoque que enseña técnicas de autorregulación a los estudiantes, tales como la atención plena y la meditación, así como habilidades de trabajo en equipo (incluidas la colaboración, la resiliencia y el desarrollo de una mentalidad de crecimiento) para ayudarlos a desenvolverse en el lugar de trabajo.
«Resulta inspirador entrar en un entorno penitenciario cada día y ver a un grupo de hombres tan concentrados en intentar conseguir grandes resultados para sí mismos que en su residencia organizan grupos de estudio juntos fuera del horario de clase», afirma Wiggill. «Me hace sentir que mi vida tiene un propósito mayor». El programa piloto de un año de Take2 comenzó en octubre de 2020 en el centro penitenciario de Auckland South con 10 participantes, 3 de los cuales fueron contratados tras su liberación por empresas asociadas con Take2. Uno de los graduados, quien pidió permanecer en el anonimato, ahora trabaja como evaluador de control de calidad en la empresa Datacom. «Las cosas que aprendí en el programa Take2 me ayudan en diferentes áreas de mi vida», afirma. «Me ayudan a manejar diferentes situaciones adecuadamente y a lograr el éxito tanto en el ámbito personal como profesional. Las habilidades de comunicación que aprendí durante mi tiempo en Take2 también me han ayudado a formar y construir relaciones positivas en mi lugar de trabajo».
Take2 se puso en marcha con los ahorros personales de Smith y ahora es financiada en su totalidad por organizaciones filantrópicas, entre ellas Spark Foundation (Fundación Chispazo) Simplicity Foundation (Fundación Sencillez) y J. R. McKenzie Trust (Fideicomiso de J.R. McKenzie). Los socios empleadores también han donado computadoras portátiles y recursos para el diseño e implementación de la infraestructura informática que requiere el programa en el aula de la prisión.
«Desde hace tiempo, tenemos un mantra de incorporar a personas nuevas en TI que no necesariamente estarían en este sector», dice Karl Wright, director de información de Datacom, uno de los socios empleadores de Take2. «Pero no lo hacemos porque quede bien en nuestro informe de diversidad e inclusión. Hay que tomarse en serio el hecho de ayudar y cambiar vidas. Hay que hacerlo basados en la creencia de que las personas merecen una segunda oportunidad».
A los estudiantes que terminan el programa se les ofrece apoyo para reintegrarse a la sociedad una vez puestos en libertad, desde ayudarles a obtener identificaciones emitidas por el gobierno y abrir cuentas bancarias, hasta proporcionarles computadoras portátiles, teléfonos y acceso a internet, además de ofrecerles tutoría profesional y asesoramiento personal. Take2 ofrece «un apoyo importante que consiste en programas para ayudar a cambiar el comportamiento y oportunidades para aprender nuevas habilidades», dice el graduado de Take2 y empleado de Datacom. «Esto no solo los ayuda a reintegrarse apropiadamente a la sociedad y reduce las posibilidades de que cometan más delitos, sino que también mejora sus posibilidades de encontrar un empleo estable y llevar una vida productiva».
Take2 es una organización de 13 personas que consta de una junta directiva. Esta incluye a Smith, un consejo asesor, y cinco empleados de tiempo completo. Uno de los graduados de Take2 ahora forma parte de su consejo asesor, cuya tarea es contribuir al diseño del programa y sugerir mejoras. Los graduados también están retribuyendo a la sociedad. Dos de ellos desarrollaron aún más las habilidades de codificación que aprendieron en el programa y crearon Ngā Mihi, una plataforma en línea donde los familiares y otras personas pueden comprar artículos básicos previamente aprobados, tales como calcetines y ropa interior para las personas encarceladas.
Nuevas vías
Según Smith, lanzar Take2 fue difícil, ya que cada una de las partes interesadas (los financiadores, los socios empleadores y la prisión) se mostraba reacia a involucrarse sin el consenso del resto de los miembros. Smith necesitó tiempo para generar confianza y establecer relaciones con ellos. Por ejemplo, persuadir a las empresas tecnológicas de que contrataran a graduados de Take2 fue un desafío dado el estigma que sufren los expresidiarios debido a sus antecedentes penales. Sin embargo, Smith persistió en su esfuerzo por disipar este sesgo y finalmente logró la aceptación al pedirles que cambiaran sus percepciones, que fueran más abiertos y les dieran una oportunidad a los graduados de Take2. Durante su programa piloto, Take2 descubrió una falla en el diseño del programa de capacitación, y es que algunos estudiantes fueron liberados inesperadamente a mitad del curso y, por lo tanto, no pudieron completar el programa. Luego, cuando azotó la pandemia de COVID-19 en 2020, la empresa social tuvo que hallar la manera de mantener su programa en funcionamiento en medio de cierres gubernamentales que limitaban el acceso de visitantes a las cárceles. Para abordar ambos problemas, el equipo construyó un centro comunitario en Auckland, con aulas para que aquellos que han sido liberados a mitad del programa o se encuentran en arresto domiciliario, cumpliendo sentencias comunitarias o en libertad condicional, puedan continuar su educación y completar el programa.
En la actualidad, Take2 cuenta con 25 participantes (12 en el centro comunitario y 13 en el centro penitenciario de Auckland South), y tiene previsto aumentar esa cifra llevando el programa a otras cárceles de Nueva Zelanda. El equipo está trabajando con el Departamento de Prisiones en planes de expansión, que incluyen también a las cárceles de mujeres.
En 2023, Take2 lanzó Take2 Elevate (Toma 2 Elevado), que ofrece a las empresas servicios como diseño y construcción de sitios y aplicaciones web, así como pruebas y mantenimiento de software. Dicha empresa amplía la misión de Take2 de crear vías de empleo para expresidiarios al contratarlos como aprendices. Los ingresos obtenidos se utilizan para cubrir los costos operativos tanto de Take2 como de Take2 Elevate, al igual que para remunerar a los aprendices.
Take2 Elevate sigue un modelo mixto de contratación de personal compuesto por profesionales de alto nivel en la industria, quienes capacitan y entrenan a los graduados del programa Take2 durante su etapa de aprendices, así como un modelo de contratación aumentada de personal mediante el cual los graduados trabajan como contratistas en empresas que dudan en contratar a graduados de Take2 como empleados de tiempo completo.
«Es una opción más sencilla para aquellos empleadores que se muestran indecisos a dar el primer paso», afirma Smith. «Si no funciona, podemos regresar a nuestros graduados a Elevate y encontrar una opción más adecuada para ellos». Smith espera que Take2 evite la reencarcelación en Nueva Zelanda y marque el camino hacia un mejor sistema de rehabilitación. Este cambio de sistema es tan valioso como el impacto real que genera en la vida de los expresidiarios. «Ver a las personas con las que hemos trabajado prosperar en la industria y contribuir a la comunidad no es algo a lo que le podamos poner una cifra», afirma. «Cuando atraviesas ese camino con ellos y los ves triunfar, es difícil que algo más iguale el sentimiento».
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Autora original:
- Rina Diane Caballar es una periodista radicada en Nueva Zelanda que aborda los temas de la tecnología y su interacción con la ciencia, la sociedad y el medio ambiente.
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Este artículo es contenido original de la revista de Stanford Social Innovation Review publicado en la edición verano 2024.
- Traducción del artículo Learning Code for a Second Chance at Life por Leslie Cedeño con apoyo de DeepL.
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