Construir una cultura de confianza para aprender de nuestros fracasos nos ayuda a distinguir tanto lo que no funciona como lo que sí.
Especialmente los países de bajos y medianos ingresos carecen de recursos suficientes para abordar una serie de prioridades de salud pública. Por ello, es crucial que los profesionales de la salud en todo el mundo compartan no solo sus éxitos, sino también sus fracasos. Por diversas razones, los profesionales de la salud tendemos menos a compartir nuestros fracasos—sobre todo con organizaciones pares o donantes—que nuestros éxitos. Sin embargo, necesitamos sentirnos menos incómodos al hacerlo, aún si la única razón es simplemente la necesidad pragmática, ya que ser honestos y abiertos sobre los fracasos puede ayudarnos a cambiar de dirección más rápidamente cuando las cosas no estén funcionando y a, posiblemente, evitar fracasos mayores (¡y más costosos!) en el futuro.
El compartir nuestros fracasos y errores en el área de salud global y aprender de ellos puede mejorar la resolución de problemas, fomentar la innovación al crear una cultura que apoye la toma de riesgos calculados y mejorar la calidad al analizar los flujos de trabajo e identificar áreas donde ocurren errores. De hecho, un estudio que explora la dinámica del fracaso en tres áreas muy diferentes—ciencia, emprendimiento y terrorismo—encontró que las personas que fracasaron en estas áreas y al final lograron tener éxito fueron precisamente aquellas que pudieron identificar lo que funcionó y lo que no, y modificaron lo que no funcionó bien en intentos posteriores. Ese tipo de aprendizaje solo puede ocurrir a través de una reflexión abierta y honesta.
Por ejemplo, una de las donantes en un evento reciente de «aprender a través del fracaso» refirió la historia de una de sus primeras inversiones en el ámbito de la salud digital: usar una plataforma digital parecía ser la estrategia más rentable y sostenible para recabar datos de los jóvenes acerca de la calidad de los servicios que estaban recibiendo; sin embargo las encuestas de audio, las respuestas interactivas por voz y los mensajes de texto fracasaron (por diversas razones, desde preocupaciones por la privacidad y la falta de confianza hasta la baja alfabetización en salud y las barreras del lenguaje). A través de una serie de conversaciones honestas sobre estos fracasos durante la implementación, la donante y el socio implementador terminaron abandonado la plataforma digital y utilizando la opción tradicional de papel y lápiz para completar el estudio.
¿Qué es el fracaso?
Desde 2022, hemos estado organizando eventos interorganizacionales en el marco del proyecto Knowledge SUCCESS (Éxito del conocimiento), financiado por la USAID (Agencia de EE.UU. para el Desarrollo Internacional). Dichos eventos buscan alentar a los profesionales de la salud global en África subsahariana, Asia y Estados Unidos a compartir sus fracasos entre sí. Cuando comenzamos este trabajo, reflexionamos mucho sobre lo que significaba el fracaso. Sabíamos con certeza que no queríamos que las personas compartieran historias solo «para parecer modestos», es decir, historias que se presentaran como fracasos con la intención real de atraer la atención hacia algo de lo que el narrador estaba orgulloso. Tampoco queríamos organizar un típico «festival del fracaso», que regularmente funciona como un espectáculo de comedia en el que los mejores narradores presentan fracasos con tintes divertidos. Queríamos lograr que una mayor cantidad de personas —no solo los narradores graciosos— hablaran de sus fracasos y así ayudar a facilitar un diálogo con sus colegas, de manera que tanto la persona que compartiera el fracaso como quienes la escucharan pudieran aprender de la experiencia.
Consultamos con un experto de la ONG Fail Forward (Del fracaso en adelante), quien aconsejó que es más importante que las personas hablen sobre cualquier fracaso con el que se sientan cómodas que el que sean específicas sobre determinados tipos de fracaso. Entonces decidimos adoptar un enfoque amplio en nuestra definición. Definimos los fracasos en la salud global como: cualquier situación en la que los resultados no cumplen con las expectativas. Esta definición tan amplia abarca, por lo tanto, una gama de fracasos, desde tareas ejecutadas incorrectamente hasta resultados de desempeño no deseados; y desde fracasos «inevitables» hasta «inteligentes». Creemos que podemos aprender de cualquier fracaso y que lo importante es compartir lo que funciona y lo que no funciona en la salud global, para que lo que una vez fue impredecible pueda volverse predecible y, por lo tanto, evitable en el futuro.
¿Están los profesionales de la salud global compartiendo sus fracasos?
En una encuesta que realizamos para comprender mejor la dinámica de compartir fracasos en la comunidad de la salud global, encontramos que los profesionales de la salud global sí reconocen (al menos en teoría) la importancia de compartir fracasos entre sí: de los 302 gerentes de programas, asesores técnicos, investigadores y otros profesionales de la salud global en todo el mundo que respondieron, el 96 por ciento dijo considerar importante que los profesionales de la salud global compartieran sus fracasos.
Los encuestados explicaron: «Perdemos muchas oportunidades de aprendizaje si solo compartimos lo que funciona y no la gama completa de experiencias y aprendizajes que nos dejan los programas». Algunos encuestados opinaron que se puede aprender más de los fracasos que de los éxitos; uno de ellos incluso explicó: "aun en el caso de los éxitos, probablemente hubo fracasos en el camino que ayudaron a alcanzarlos". También consideraron que el compartir fracasos era importante para adoptar la expectativa correcta de que el fracaso es parte de la vida. Uno de los encuestados explicó que «la fachada que vemos siempre es solo la del éxito, la parte buena, y eso no nos ayuda a aquellos que estamos empezando y experimentando dificultades con algún aspecto. Cuando escuchamos que aquellos a quienes admiramos cometieron errores o fracasos en el pasado, nos da ánimo para saber que lo haremos mejor con el tiempo y la experiencia».
Sin embargo, cuando les preguntamos a los encuestados si en los últimos seis meses habían compartido algún fracaso con diferentes categorías de personas, es decir, con un colega, dentro de su organización u otra, y su donante, encontramos un porcentaje progresivamente decreciente de encuestados que dijeron que lo habían hecho, pasando del 72 por ciento al 41 por ciento y al 23 por ciento, respectivamente. Dichos resultados coinciden con otras investigaciones que muestran que las personas tienden, de manera sistemática, a compartir menos sus fracasos.
¿Qué les impide a los miembros del personal de salud compartir sus fracasos?
En nuestra encuesta a profesionales de la salud global, entre aquellos que dijeron que no habían compartido ningún fracaso en los últimos seis meses, muchos afirmaron que «no experimentaron un fracaso» durante ese período, lo que puede indicar una falta de reconocimiento del mismo y de la valiosa información que contiene. Algunos dijeron que "no tuvieron la oportunidad de compartir el fracaso", mientras que otros mencionaron una «falta de confianza o el deseo de no querer que la gente pensara menos de ellos». Otras de las razones que se reportaron, aunque con menos frecuencia, fueron «no pensar que el fracaso tenía lecciones de las cuales otros pudieran aprender» y «no tener tiempo» para compartir el fracaso.
En el contexto financiado por donantes, muchas personas informaron que el compartir fracasos con ellos podría presentar el riesgo de perder recursos. Para superar esto, las personas pueden usar diferentes términos al compartir con el donante. Como refirió uno de los encuestados: «Estos fracasos se han compartido como desafíos enfrentados durante la implementación y no necesariamente como fracasos profesionales. La palabra 'fracasos' denota consecuencias demasiado graves, pero abordarlos como desafíos es mucho más aceptable».
Los hallazgos que nos brindó la encuesta se alinean con los resultados de investigaciones psicológicas que señalan tres factores principales que pueden prevenir que las personas compartan sus fracasos: a nivel individual e interpersonal, las personas pueden enfrentar barreras emocionales y cognitivas para compartir fracasos, mientras que, en un marco contextual más amplio, las barreras organizacionales o ambientales pueden impedir la divulgación de los fracasos.
Los fracasos pueden provocar emociones negativas como la tristeza o la culpa. En un intento por enfrentar estas emociones o minimizarlas y así sentirse bien consigo mismos, las personas pueden utilizar estrategias de evasión, tales como negarse a pensar en el fracaso o a prestarle atención. Esto es similar al efecto «avestruz» observado en los inversores que «entierran la cabeza en la arena» y revisan su cartera con menos frecuencia cuando los mercados están estáticos o en declive. Las personas también pueden preocuparse por el efecto que provoca en su autoestima el compartir fracasos, ya que se trata de información negativa sobre uno mismo. Una forma de superar estas preocupaciones puede ser abordar los fracasos de manera diferente. En ciertas investigaciones conductuales previas, descubrimos que el abordarlos desde la ganancia, o el usar palabras que transmiten el fracaso como una oportunidad de crecimiento, por ejemplo «aprender de los fracasos», tiene el potencial de motivar a las personas a compartir sus fracasos.
Otra causa de que las personas se abstengan de compartir sus fracasos puede ser las barreras cognitivas. Es decir, es posible que no crean que los fracasos contengan información valiosa. Y es que aprender de los fracasos no es tan directo como aprender de los éxitos, donde solo se trata de replicar el proceso. Aprender de un fracaso, sin embargo, implica prestar atención a la información, entender la conexión entre el fracaso y una respuesta exitosa, y saber compartir el fracaso para promover el aprendizaje.
Además, la divulgación de los fracasos puede verse inhibida por las características del diseño organizacional. Es posible que las organizaciones no ofrezcan a los trabajadores el suficiente tiempo o autonomía para reflexionar sobre los fracasos. También es posible que la cultura organizacional no le dé prioridad a la seguridad psicológica, es decir, a la percepción de que es seguro asumir riesgos interpersonales y profesionales en el lugar de trabajo. Los fracasos en el conocimiento pueden ser difíciles de reconocer si el equipo no es lo suficientemente diverso o si los miembros no tienen la oportunidad de interactuar fuera de sus equipos y exponerse a información diferente que les ayude a analizar los fracasos. Sin embargo, las estructuras de las organizaciones también pueden promover que se compartan los fracasos. Uno de los participantes en nuestra encuesta mencionó, por ejemplo, que «a menudo trabajamos en consorcios y asociaciones, por lo que nuestros fracasos pueden compartirse».
¿Cómo podemos mejorar?
Entre 2022 y 2023, organizamos una serie de cuatro eventos virtuales enfocados a la mejora a través del fracaso; lo hicimos en colaboración con otros socios, y planeamos seguir organizando eventos adicionales con el tiempo. Al diseñar los eventos, incorporamos elementos para abordar los tres tipos clave de barreras mencionadas anteriormente: emocionales, cognitivas y organizacionales.
Para abordar las emociones negativas asociadas con los fracasos y las preocupaciones con la autoestima, nos enfocamos en replantear los fracasos y tomarlos como una oportunidad para aprender de los demás; esto se refuerza en el título de nuestras sesiones, llamadas «Aprender de los Fracasos». Buscamos derribar las barreras cognitivas reduciendo el esfuerzo necesario para compartir los fracasos. Se animó a los participantes a compartir cualquier tipo de fracaso profesional—dejamos la definición muy amplia. Intentamos reducir el esfuerzo cognitivo en la narración al pedirles que contaran su historia en dos minutos y que se centraran en los hechos, no en contar la mejor historia o la más divertida. Les dimos a los participantes un conjunto preelaborado de «preguntas curiosas», es decir, preguntas cuidadosamente formuladas que fomentan el aprendizaje, como «¿Qué hace que sea importante compartir esta experiencia?» y «¿Cómo ha cambiado tu comprensión de la situación desde que eso ocurrió?». Las preguntas curiosas son una estrategia creada por Fail Forward para ayudar tanto al oyente como a la persona que comparte su fracaso a evitar la culpa y sustituirla por una mejor comprensión del fracaso, a aprender de él e incorporar ese aprendizaje en los trabajos futuros. Finalmente, para aumentar la fluidez con este formato, le pedimos a las personas modelar la narración de la historia y responder con preguntas curiosas al inicio del evento, antes de permitir que los participantes se dividieran en sus propios grupos y compartieran.
Para abordar las barreras organizacionales, también diseñamos los eventos de modo que fomentaran la seguridad psicológica y un entorno de apoyo. Los participantes compartieron sus historias de fracaso no ante un gran grupo público, sino en grupos mucho más pequeños, de 3 a 5 personas. Se generó un nivel general de confianza y camaradería porque los participantes trabajaban todos en el mismo ámbito de la salud global, es decir en programas de planificación familiar y salud reproductiva (PF/SR). Al mismo tiempo, los grupos se conformaron de tal manera que es probable que los participantes no se conocieran entre sí, por lo que se mantuvo cierto nivel de anonimato. Dejamos claro que no se grabarían las discusiones, ni se documentarían ni distribuirían las historias compartidas. Además, los participantes sabían que Knowledge SUCCESS, un programa de gestión del conocimiento para PF/SR, era quien organizaba el programa, y no los donantes, por lo que se trataba de un anfitrión neutral. Asimismo, proporcionamos a los participantes una plantilla de revisión posterior a la acción para que comentaran con sus equipos, de manera más habitual, qué funciona y qué no. Además de estos eventos virtuales, también organizamos un evento físico en la Conferencia Internacional sobre Planificación Familiar de 2022, donde cuatro profesionales de mayor rango y experiencia, que representaban a agencias donantes, la Organización Mundial de la Salud y una ONG, compartieron sus experiencias de fracaso profesional. Los oradores fueron seleccionados intencionadamente porque son profesionales prominentes en su campo, así que sirvieron de ejemplo para respaldar y fomentar este comportamiento.
Las sesiones tituladas «Aprender del Fracaso» de Knowledge SUCCESS usaron las siguientes estrategias para disminuir las barreras para compartir:
Minimizar el estigma: Las sesiones se enfocan tanto en que los participantes aprendan de los fracasos de los demás como en que compartan los suyos propios.
Reducir el esfuerzo para compartir y aprender de los fracasos: Los participantes se enfocan en una historia breve (de dos minutos) y no necesitan preocuparse por crear la historia más divertida o impactante. También emplean «preguntas curiosas» para facilitar el aprendizaje y el hacer preguntas, y ven demostraciones de este enfoque en la narración de historias acompañadas de preguntas curiosas para aumentar la fluidez.
Promover culturas de seguridad psicológica y aprendizaje: Los participantes comparten fracasos en grupos pequeños en lugar de en un grupo general grande. Las discusiones no se graban y los fracasos específicos que se comparten no se documentan ni se distribuyen más ampliamente. Los participantes trabajan en programas similares de salud global, lo que genera un sentido de camaradería; pero generalmente provienen de organizaciones y países diferentes, lo cual crea un cierto nivel de distancia o incluso de anonimato.
Muchas de las historias de fracaso que compartieron los participantes a lo largo de las cuatro sesiones abordaron temas comunes, que incluyen la importancia de involucrar a los agentes interesados en el nivel adecuado de profundidad, la necesidad de estar al tanto de lo que otros socios están haciendo antes de iniciar un proyecto y la comprensión de problemas contextuales específicos que la audiencia prevista podría enfrentar. (De acuerdo con las normas establecidas en cada sesión, no podemos compartir ninguna de las historias específicas de fracaso.)
En general, las sesiones fueron bien recibidas por los participantes, quienes manifestaron que valoraban este tipo de evento, gracias a la seguridad que proporcionó y a la camaradería que se generó al saber que otros individuos y programas también habían experimentado fracasos y desafíos. En una encuesta posterior a una de las sesiones, el 86 por ciento de los encuestados estuvo de acuerdo o muy de acuerdo en que la sesión los motivó a ser más abiertos para compartir sus fracasos con colegas y que les había proporcionado una estrategia útil para hacerlo. Consideraron que compartir en grupos pequeños era el aspecto más útil, seguido de las preguntas curiosas. Un participante comentó que era como un grupo de apoyo que no sabía que necesitaba, y otro expresó que se sintió mejor al saber que otros programas también habían experimentados desafíos y fracasos. La gran mayoría de los participantes afirmó que la sesión los hizo adoptar una «actitud reflexiva». Sin embargo, una parte significativa (21 por ciento) indicó que se sintió «avergonzada», lo que sugiere que aún tenemos trabajo por hacer para que los fracasos puedan compartirse abiertamente. Un participante expresó que tenía sentimientos encontrados: aunque sintió la dinámica como un grupo de apoyo, porque pudo identificarse con las experiencias de los demás, también le fue doloroso recordar la experiencia. En general, el 77 por ciento de los encuestados dijo que había aprendido de los fracasos que se compartieron durante la sesión, y muchos mostraron su agradecimiento tanto por la reflexión y el aprendizaje que ofrecieron las preguntas curiosas como por el aprendizaje que surgió al escuchar a otros contar sus historias.
¿Qué pasos podemos tomar a partir de ahora?
Ofrecemos cinco recomendaciones para que los proyectos, organizaciones y el campo de la salud global en general puedan disminuir las barreras emocionales, cognitivas y organizacionales que impiden compartir y aprender de los fracasos:
Aumentar el número de foros de expresión: Nuestra experiencia y nuestra encuesta de profesionales de la salud global muestran que existe una necesidad clara de abrir un foro psicológicamente seguro para fomentar el intercambio de fracasos. Aumentar las oportunidades de practicar este comportamiento puede facilitar que, paulatinamente, las personas compartan sus fracasos, pues habrán aprendido a hacerlo en foros seguros específicamente diseñados para ello.
Prestar atención a la forma de presentarlos: Aunque los profesionales de la salud global reconocen la importancia de compartir sus fracasos, sigue siendo difícil para muchas personas lidiar con ellos, ya que pueden sentirse avergonzadas o considerarlos como experiencias dolorosas, tal como lo reflejaron nuestros encuestados. Si bien algunos podrían argumentar que debemos ser directos y llamarle al fracaso por su nombre, creemos que es más importante que las personas puedan compartan sus experiencias. El presentar el fracaso como una oportunidad de aprendizaje, y las sesiones sobre fracasos como «sesiones de asesoramiento», además de recordarles a las personas su experiencia en el campo, puede ayudar a que se sientan más cómodas al compartir.
Experimentar con diferentes agrupaciones: Nuestra experiencia nos dejó claro que los participantes tenían diferentes ideas sobre lo que consideraban de alto riesgo y lo que veían como «privado» o «público». El experimentar formando diferentes grupos entre la audiencia (por ejemplo, reuniendo a profesionales en etapas intermedias de su carrera con quienes van iniciando) podría ser útil para ver si ello fomenta un ambiente más seguro, psicológicamente hablando. Otra opción de grupo podría formarse con base en objetivos de proyecto en común; se generó un alto compromiso en nuestra sesión cuando los participantes formaban parte del mismo proyecto. Por otro lado, los profesionales que trabajan en el mismo proyecto, pero están afiliados a organizaciones diferentes, podrían verse como compitiendo entre sí por los recursos de los donantes. Además, tales grupos podrían reducir la heterogeneidad y la presencia de una perspectiva externa, lo cual podría ser valioso para reconocer los fracasos y aprender de ellos.
Facilitar el intercambio de experiencias: Invitar a los participantes a reflexionar sobre experiencias pasadas antes de la sesión podría ser útil para que lleguen preparados para compartir un fracaso. Los organizadores pueden intentar usar plantillas simples para que se compartan las historias de fracasos o alentar a las personas a contar sus historias de la manera que les resulte más cómoda. En nuestro caso, mantener las historias breves fue importante para motivar a los participantes a participar en la actividad, aun a aquellos que no se sentían capaces de contar buenas historias o que no dominaban el idioma. Incluso el experimentar con el anonimato puede fomentar el intercambio, especialmente entre los profesionales que están iniciando su carrera o aquellos que sienten que su seguridad laboral está en riesgo.
Adoptar la práctica de compartir lo que funciona y lo que no: Trabajamos en entornos complejos, donde probablemente no nos encontremos a menudo en un juego de suma cero. Por el contrario, es probable que experimentemos tanto éxitos como fracasos en nuestros proyectos e iniciativas. Integrar oportunidades para el aprendizaje y la reflexión continua durante la implementación puede ayudar a los equipos a aprender tanto de los éxitos como de los fracasos, y por lo tanto, a mejorar el rendimiento. Las revisiones posteriores a la acción y las evaluaciones intermedias, enfocadas en el aprendizaje y no en la culpabilidad, son herramientas simples pero poderosas que refuerzan la cultura del aprendizaje continuo, mejoran la comunicación y la retroalimentación dentro de los equipos, y fomentan las habilidades y la confianza necesarias para discutir tanto lo positivo como lo negativo.
La salud global enfrenta grandes desafíos, como el cambio climático, las crisis de salud mental y las enfermedades infecciosas emergentes. Resolver estos problemas requiere coordinación, colaboración e innovación, así como conversaciones honestas. No podemos permitirnos compartir únicamente las historias de éxito y ocultar nuestros fracasos. Aunque compartir fracasos puede ser una conducta nueva para muchos profesionales de la salud global, es fundamental que lo fomentemos abriendo una serie de foros—dentro y entre proyectos y organizaciones, países y regiones—que promuevan la confianza y el aprendizaje, con el fin de avanzar en nuestras estrategias y mejorar y salvar más vidas.
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Autores original:
- Ruwaida Salem es oficial de rango mayor del programa II en el Centro de Programas de Comunicación de Johns Hopkins. Cuenta con más de 20 años de experiencia en salud global, y ha diseñado, implementado y gestionado programas de gestión del conocimiento para mejorar el acceso y uso de información crítica en salud entre profesionales de la salud de todo el mundo.
- Neela A. Saldanha es directora ejecutiva de la Iniciativa de Investigación sobre Innovación y Escala (Y-RISE) en la Universidad de Yale. También trabaja como consultora para varias organizaciones y fue directora fundadora del Centro para el Cambio Social y del Comportamiento en la Universidad Ashoka, India. Neela fue mencionada en la revista Forbes como una de las "Diez Científicas del Comportamiento que Deberías Conocer".
- Anne Ballard Sara es oficial de alto rango del programa en el Centro de Programas de Comunicación de Johns Hopkins. Está al frente de actividades de gestión del conocimiento para apoyar el aprendizaje y crear oportunidades de colaboración e intercambio de conocimientos entre quienes trabajan en salud pública.
- Elizabeth Tully es oficial de alto rango del programa en el Centro de Programas de Comunicación de Johns Hopkins. Apoya a asociaciones con programas de planificación familiar/salud reproductiva para fortalecer los componentes de gestión del conocimiento y divulgación de información en su trabajo.
- Tara M. Sullivan es directora de gestión del conocimiento (KM, por sus siglas en inglés) en el Centro de Programas de Comunicación de Johns Hopkins y directora del proyecto Knowledge SUCCESS. Es co-instructora del curso de KM para una Salud Global y Desarrollo Efectivos en la Escuela de Salud Pública Bloomberg. Su trabajo ha impulsado el campo de la gestión del conocimiento tanto en la investigación como en la práctica.
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Este artículo es contenido original de la revista de Stanford Social Innovation Review
- Traducción del artículo It’s Time to Share Our Failures por Leslie Cedeño con apoyo de DeepL.
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