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El rol de las organizaciones sociales en la prevención de conflicto

2026-02-06
Por Susan A., David C. y Kerry W.
SSIRñ #18
Derechos Humanos
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Los conflictos que se intensifican en todo el mundo requieren más que la acción del gobierno para resolverse. Las organizaciones comunitarias están trabajando para sanar la fragmentación social que está en la raíz de las atrocidades masivas y de la violencia basada en la identidad. 

 

El río Ibar atraviesa la ciudad de Mitrovica, situada al norte de Kosovo, a unos 100 kilómetros de la frontera con Serbia. 

A un lado del río viven personas de etnia serbia; al otro, personas de etnia albanesa. No solo las separa el agua, sino también el idioma, la religión y la historia, así como las tensiones persistentes cultivadas durante generaciones de desconfianza. Para muchos residentes, el Nuevo Puente, que conecta las dos orillas del río, simboliza la división entre el sur albanés y el norte serbio tanto en Mitrovica como en Kosovo. El hecho de que la mayoría de los residentes de Mitrovica rara vez (o nunca) crucen el puente representa la extrema fragmentación de la sociedad, uno de los principales factores de riesgo para la violencia a gran escala basada en la identidad, incluidas las atrocidades masivas. 

Puede resultar sorprendente saber que el puente se ha convertido en el escenario de un mercado en el que los habitantes de Mitrovica se reúnen para comprar y vender alimentos, ropa, joyas y otros artículos. El mercado fue creado en 2021 por Community Building Mitrovica (Desarrollo Comunitario Mitrovica, CBM), una organización local de la sociedad civil que lleva más de 20 años trabajando en la ciudad para tender puentes entre albaneses y serbios. Con una plantilla compuesta por un número aproximadamente igual de cada uno, CBM quiere que los residentes de Mitrovica  conciban el Nuevo Puente como un punto de encuentro donde los residentes pueden promover objetivos compartidos de desarrollo económico y celebrar una cultura común. 

El simbolismo del ejemplo del Nuevo Puente resuena profundamente hoy. La intensificación de la violencia entre Israel y Gaza tras el brutal ataque de Hamás en octubre de 2023 es un recordatorio para el mundo de su aparente carácter interminable y la dificultad de resolver el conflicto multigeneracional entre israelíes y palestinos. Su persistencia, basada en parte en identidades étnicas y religiosas, demuestra lo difícil que es revertir la violencia arraigada basada en la identidad, un fenómeno que definimos como violencia física, institucional y estructural dirigida a grupos desfavorecidos. Sin embargo, la violencia contemporánea en Gaza es solo un ejemplo de cómo los altos niveles de fragmentación social basada en la identidad, cuando no se controlan y se combinan con otros factores de riesgo, pueden estallar en una violencia terrible. 

Los conflictos violentos arraigados en la identidad son un elemento persistente del panorama mundial. En 2023, por ejemplo, las tensiones latentes entre serbios y albaneses provocaron disturbios y violencia en el norte de Kosovo, no lejos de Mitrovica1. Un atentado con bomba en Omagh, Irlanda del Norte, hizo resurgir el espectro de la violencia en medio de una paz aún frágil2. Y en Birmania, la mayoría budista ha seguido perpetrando actos violentos contra la minoría musulmana rohingya, la mayoría de cuyos miembros permanecen exiliados en campos de refugiados a lo largo de la frontera con Bangladesh3. La violencia en cada uno de estos casos refleja la persistente fragmentación social que se extiende en el núcleo de los conflictos basados en la identidad. Para prevenir estos brotes de violencia es necesario adoptar medidas que se centren en los factores estructurales que están en el origen de estos conflictos, como el acceso desigual a los bienes y servicios básicos, la inestabilidad política y la segregación. Las organizaciones de la sociedad civil están especialmente bien posicionadas para adoptar estas medidas, ya que están dirigidas por personas con un profundo conocimiento local y relaciones duraderas en sus comunidades, que pueden abordar estas cuestiones de manera eficaz. 

 

Las organizaciones comunitarias aprovechan su conocimiento práctico y directo para impulsar la resiliencia, crear cohesión social y cuestionar las dinámicas y narrativas subyacentes que dividen a sus comunidades. 

 

Como investigadores afiliados al Instituto para la Prevención del Genocidio y las Atrocidades Masivas (I-GMAP) de la Universidad de Binghamton, el único instituto universitario dedicado exclusivamente a la prevención de atrocidades a nivel mundial, estudiamos la violencia basada en la identidad y colaboramos con profesionales que están desarrollando respuestas a esta violencia en diferentes contextos globales4. Cuando la gente oye el término «prevención de atrocidades», puede pensar en un país que envía fuerzas armadas a otro país para poner fin a una matanza masiva en curso.

Pero la prevención de atrocidades es mucho más que acciones de gran repercusión, a gran escala y de alcance general. Las atrocidades, incluidos los genocidios, son el resultado de procesos sociales y políticos a largo plazo que se desarrollan a través de los años, incluso décadas o siglos, y en los que participan actores de todos los niveles de la sociedad, desde gobiernos y empresas hasta educadores, proveedores de servicios médicos y otros miembros de la comunidad. En lo que respecta a la prevención de atrocidades, no existe una solución milagrosa. Más bien, una prevención eficaz requiere un compromiso equitativo en todos los niveles de la sociedad y a todas las escalas, desde los gobiernos hasta las organizaciones comunitarias. 

Para los académicos y profesionales de la prevención de atrocidades, la labor de prevención es bastante amplia. Se trata de una práctica que puede llevarse a cabo en todas las etapas del ciclo de conflicto (antes, durante y después de un conflicto violento) y que tiene más éxito cuando involucra tanto a actores nacionales como extranjeros. En Confronting Evil (Enfrentar el mal), el experto en genocidio James Waller utiliza la metáfora de un río para reflexionar sobre la prevención. Señala que las actividades de prevención pueden llevarse a cabo aguas arriba (antes del conflicto violento), en medio del río (en pleno conflicto violento) o aguas abajo (después del conflicto violento)5. Los mecanismos de prevención específicos varían en función de la etapa del conflicto. Aunque la progresión de las atrocidades no es necesariamente tan lineal, la metáfora del río ayuda a transmitir que los individuos y las sociedades pueden (y deben) tomar medidas preventivas en todas las etapas del ciclo del conflicto. 

Si bien el potencial de las organizaciones comunitarias para erradicar por sí solas los conflictos violentos en curso es limitado, sus esfuerzos son un componente importante de la prevención de atrocidades. Una prevención eficaz y sostenible requiere abordar las cuestiones estructurales que pueden conducir a la violencia y tomar medidas para detenerlas. Debido a su profundo compromiso con las comunidades que pueden verse más afectadas por la violencia, las organizaciones de la sociedad civil como CBM pueden desempeñar un papel crucial en estos procesos, trabajando para responder a los riesgos asociados a la fragmentación social. Riesgos que, si no se atienden, pueden escalar hasta convertirse en violencia a gran escala. 

Estas organizaciones utilizan su conocimiento práctico para fomentar la resiliencia y crear intervenciones que promuevan la cohesión social y desafíen las dinámicas y narrativas subyacentes que dividen a sus comunidades. Estas narrativas pueden funcionar como guiones en sociedades profundamente divididas: dramas sociales en los que cada persona desempeña su papel y las interacciones entre los distintos actores se desarrollan de forma más o menos predecible, con base en los conflictos duraderos basados en la identidad   que han moldeado la forma en que las personas viven y se relacionan entre sí. Sin embargo, las organizaciones comunitarias que estudiamos van en contra de ese guion y muestran formas de convivencia que pueden evitar futuros conflictos. Además, sus profundas raíces en las ciudades y pueblos donde trabajan hacen que estas organizaciones de la sociedad civil se ganen la confianza de sus vecinos, una confianza que los actores estatales (gobiernos) u otras grandes entidades transnacionales (como las Naciones Unidas) a menudo tienen dificultades para ganarse. De esta manera, están cambiando el guion sobre cómo se ha desarrollado tradicionalmente la fragmentación social basada en la identidad y, en el proceso, proponen y modelan un nuevo camino a seguir. 

 

La fragmentación social alimenta la violencia basada en la identidad 

Una prevención eficaz, tanto en las fases iniciales como en las finales, requiere comprender los factores de riesgo asociados a las atrocidades masivas y la violencia basada en la identidad6. Durante las últimas décadas, los investigadores han desarrollado modelos cuantitativos y cualitativos que identifican los factores de riesgo más comúnmente asociados a la violencia atroz, y ha surgido un consenso cada vez mayor en torno a la idea de que estos factores de riesgo suelen clasificarse en cuatro categorías: los relacionados con la gobernanza, las condiciones económicas, el historial de conflictos y la fragmentación social7.

De estas cuatro categorías, nos centramos en la fragmentación social. El investigador en prevención de atrocidades Kerry Whigham (uno de los coautores de este artículo) describe la fragmentación social como «la división de las sociedades en grupos identitarios específicos, de modo que estos grupos acaban dejando de interactuar o relacionarse entre sí»8.La fragmentación social conduce a la formación de sociedades profundamente divididas que consisten en estructuras paralelas9.

Profesionales y académicos suelen referirse a los entornos con los niveles más extremos de fragmentación social y potencial de violencia basada en la identidad como «conflictos intratables». La realidad subyacente que intentan nombrar es coherente: en sociedades profundamente divididas, el grupo identitario al que pertenece una persona determina casi todos los aspectos de su vida, desde dónde vive y dónde trabaja o estudia hasta qué equipos deportivos apoya, a qué negocios acude, con quién se casa e incluso cómo llama a sus hijos. En las sociedades con niveles extremos de fragmentación social, los grupos identitarios suelen vivir separados debido a políticas oficiales o no oficiales de segregación, pueden experimentar un acceso desigual a los servicios públicos y conviven en un clima de inestabilidad política. Además, normalmente no tienen una interacción significativa con personas de otros grupos étnicos, religiosos o de otro tipo con los que están en conflicto. 

Cuando las divisiones basadas en la identidad están en el centro de la vida social y política, a las personas les cuesta imaginar una salida a estos conflictos. En tales casos, psicólogos sociales como Gordon Allport y académicos y profesionales de la prevención de conflictos como John Paul Lederach sostienen que las políticas y los programas creados para apoyar las interacciones entre diferentes grupos identitarios pueden contribuir a fomentar la resiliencia y la cohesión social, abordando así los problemas subyacentes que alimentan los conflictos antes de que estallen en violencia. 

 

Cómo cambiar el guion 

Mucho académicos y responsables políticos especializados en prevención hacen hincapié en la labor de los actores del Estado, las organizaciones transnacionales y las organizaciones no gubernamentales internacionales (ONGI) en la prevención de la violencia basada en la identidad. Sin embargo, las organizaciones locales de la sociedad civil también desempeñan un papel importante: tienen la capacidad de diseñar intervenciones que mitiguen la fragmentación social y reduzcan los nuevos brotes. 

Más importante aún, debido a la amplia escala en la que trabajan, los actores del Estado, las Naciones Unidas y las ONGI tienen una capacidad muy limitada para abordar la fragmentación social a nivel comunitario. Aunque la mayoría de las atrocidades comienzan en pequeñas comunidades y luego se extienden por un territorio más amplio10, la dependencia en modelos de prevención centrados en el Estado ignora las soluciones que surgen de las organizaciones locales de la sociedad civil11. A pesar de la falta de atención de los responsables políticos mundiales hacia estas organizaciones y su papel en la prevención de atrocidades, los investigadores están profundizando en los programas que han desarrollado para responder a la amenaza de la violencia basada en la identidad con el fin de comprender cómo funcionan. 

Nuestra investigación se centra en las intervenciones de las organizaciones de la sociedad civil en sus comunidades. Whigham ha conceptualizado formas de replantear nuestra comprensión de los conflictos intratables rompiendo con las narrativas establecidas. Sostiene que, dado que son el producto de generaciones de divisiones arraigadas dentro de una sociedad, quienes viven en estos escenarios de conflicto tienen dificultades para imaginar la posibilidad de la paz. Llevan una vida basada en una narrativa de conflicto histórico que hace que la lucha en sí misma parezca natural e inmutable12.Sin embargo, en estos escenarios, cuando organizaciones de la sociedad civil como las que presentamos en este artículo demuestran que hay otras formas de comportarse y vivir que no alimentan el conflicto, se abren nuevas posibilidades. Al transgredir las normas y expectativas sociales contraproducentes, hacen que un futuro pacífico sea de repente más imaginable y alcanzable13.

Para demostrar esta labor, ofrecemos ejemplos de tres organizaciones comunitarias de este tipo, cada una de ellas procedente de una sociedad profundamente dividida, cuya labor ejemplifica estrategias de prevención que mitigan las amenazas que plantea la fragmentación social: Community Building Mitrovica (CBM) en Kosovo, South East Fermanagh Foundation (Fundación del Sureste de Fermanagh, SEFF) en Irlanda del Norte y District Six Museum (Museo del Distrito Seis) en Ciudad del Cabo, Sudáfrica. 

Estas tres organizaciones comunitarias se encuentran entre las casi veinte organizaciones de este tipo que hemos estudiado en todo el mundo y que existen en sociedades que luchan contra la violencia basada en la identidad. Todas estas organizaciones están profundamente arraigadas en las comunidades a las que sirven y pueden responder eficazmente a la fragmentación social gracias a la confianza que han generado entre los residentes. Estas organizaciones y otras similares pueden utilizar esa confianza para llevar a cabo intervenciones mitigadoras que se centren en la fragmentación social. Las acciones específicas de estas organizaciones desmantelan las narrativas y rompen el guion que perpetúa los conflictos violentos basados en la identidad. Hemos identificado cuatro estrategias en particular que se han utilizado para cambiar el guion de la violencia basada en la identidad: reconocer el sufrimiento mutuo, descentrar los desacuerdos que alimentan el conflicto, transformar la ira en acciones en favor de la justicia y visualizar un futuro compartido. 

 

Reconocer el sufrimiento mutuo 

Las sociedad profundamente divididas se caracterizan por niveles peligrosos de victimismo competitivo que perpetúan los conflictos pasados y presentes. Según los psicólogos sociales Masi Noor, Rupert James Brown y Garry Prentice, el victimismo competitivo «se refiere al esfuerzo de cada grupo por afirmar que ha sufrido más que el grupo ajeno. Además, esta competencia por la cantidad de sufrimiento también implica cierta disputa sobre la ilegitimidad del sufrimiento. Es decir, ‘no solo hemos sufrido más que ustedes, sino que es decididamente injusto que lo hayamos hecho’»14.

La victimización competitiva, a su vez, prolonga los agravios entre grupos que mantienen el conflicto en un ciclo interminable de indignación y represalias. La SEFF, organización de la sociedad civil de Irlanda del Norte, adopta un enfoque provocador para transformar una sociedad dividida. En lugar de definir la historia de Irlanda del Norte en términos de católicos/nacionalistas contra protestantes/unionistas, la SEFF se centra en las «víctimas inocentes» de la violencia para inhibir la perpetuación de la victimización competitiva entre estos dos grupos. Para la SEFF, esta categoría de víctimas inocentes describe a cualquier persona de cualquiera de los dos bandos del conflicto que haya sufrido, siempre y cuando no haya participado activamente en la perpetración de la violencia durante «los Troubles» (los Problemas), el eufemismo utilizado en Irlanda del Norte para describir el recrudecimiento de la violencia entre las dos comunidades entre 1968 y 1998. Mientras que las comunidades en este contexto han considerado tradicionalmente que la violencia de «su bando» estaba justificada, la SEFF abraza la filosofía de que «no había justificación para el terrorismo y/u otra violencia criminal, independientemente de quién la llevara a cabo: la violencia criminal es incorrecta e injustificada. Nuestro grupo se centra en los inocentes y no hacemos distinciones basadas en el origen religioso o étnico de las personas15.

Este enfoque permite a los miembros de ambos grupos verse a sí mismos de manera diferente, al tiempo que reconocen y admiten que personas del otro lado del conflicto vivieron formas similares de sufrimiento. Al replantear la división entre víctimas y perpetradores, la organización resta importancia a las diferencias religiosas y políticas que han definido la historia del conflicto en Irlanda del Norte. Las organizaciones de la sociedad civil suelen utilizar esta estrategia en casos de transformación de conflictos basados en la identidad y suelen referirse a ella como la creación de una «identidad superordenada»: una nueva identidad que destaca las características compartidas que sustituyen a las divisiones existentes basadas en la identidad16. Para la SEFF, ambas comunidades experimentaron traumas y pérdidas durante el conflicto. En lugar de permitir que estas pérdidas mantengan una victimización competitiva, la SEFF crea un sentido de pérdida compartida que une a los grupos, en lugar de separarlos. La SEFF impregna su trabajo con este énfasis en las víctimas. La organización ha desarrollado una serie de servicios para apoyar a los miembros de esta comunidad de víctimas inocentes, entre los que se incluyen el asesoramiento para el trauma y el duelo, y otros servicios de salud y bienestar. La SEFF también afronta directamente la fragmentación social animando a las comunidades y a las familias de las víctimas a celebrar actos conmemorativos que reúnan a católicos y protestantes, a menudo en los aniversarios de los atentados y asesinatos. El director de la SEFF, Kenny Donaldson, ha señalado que a menudo es difícil para las familias de las víctimas superar sus identidades religiosas o políticas para ver a las personas del otro grupo que también han sufrido la violencia como víctimas. Pero Donaldson cree que este reconocimiento es necesario para que Irlanda del Norte supere la violencia sectaria que ha marcado al país. 

Una reunión conmemorativa anual en la localidad de Claudy, a las afueras de Derry, ilustra esta idea de crear un acto conmemorativo unificador. El 31 de julio de 1972, tres coches bomba colocados por el Ejército Republicano Irlandés (IRA, por sus siglas en inglés) explotaron allí, matando a nueve personas, tanto católicas como protestantes. En las décadas posteriores al atentado de Claudy, hubo pocas ocasiones en las que todas las familias se reunieran para recordar colectivamente a sus seres queridos. Sin embargo, en los últimos años, la SEFF ha colaborado con las familias para celebrar eventos únicos y de gran alcance comunitario con el fin de reconocer el sufrimiento mutuo de todas las familias de las víctimas.

La conmemoración de 2024 marcó la finalización de un memorial reconfigurado para las víctimas de los coches bomba, en el que se celebró sus vidas y se reconocieron las devastadoras consecuencias de su asesinato para sus familias y la comunidad de Claudy. En la narración grabada en el memorial también se hace referencia a otras personas heridas en el atentado. Eventos y programas como este están diseñados para animar a los residentes de Irlanda del Norte a ver la violencia que caracterizó el conflicto como algo que causó dolor y sufrimiento a todos los grupos, promoviendo la solidaridad mediante el reconocimiento y la aceptación de la violencia pasada y la renuncia a ella en el futuro. La identidad de todos los residentes de Irlanda del Norte como víctimas que comparten una experiencia de trauma colectivo es esencial para la visión de la SEFF de un futuro pacífico. 

 

Las organizaciones de la sociedad civil utilizan esta estrategia en casos de transformación de conflictos basados en la identidad y se refieren a ella como la creación de una «identidad superordenada» que destaca las características compartidas que sustituyen a las divisiones existentes basadas en la identidad. 

 

Otro ejemplo de programa que reúne a miembros de diferentes comunidades para compartir la experiencia de la pérdida son las memorial quilts (colchas conmemorativas) de la SEFF. Cada colcha está compuesta por parches hechos para recordar y humanizar a todas las víctimas inocentes de la violencia relacionada con el conflicto. Los retazos de las colchas son cosidos por familiares de víctimas inocentes y voluntarios de la SEFF e incluyen detalles personales que conmemoran la vida de cada víctima: un equipo de fútbol favorito, bailes irlandeses o de los Ulster Scots, símbolos gaélicos, símbolos de órdenes leales como las bandas, entre otros. Las colchas se exhiben en toda Irlanda del Norte, la República de Irlanda y Gran Bretaña en memoriales y otros eventos. Sirven como recordatorio de que personas de todos los grupos sufrieron traumas y pérdidas a causa del conflicto, independientemente de su identidad religiosa o política. Tanto la confección como la contemplación de estas colchas facilitan la creación de una nueva comunidad de víctimas inocentes, una comunidad que trasciende las divisiones tradicionales basadas en la identidad que caracterizan la vida en Irlanda del Norte. 

 

Descentrar los desacuerdos que alimentan el conflicto 

En las sociedades fragmentas, cada grupo identitario suele tener su propia narrativa histórica que refuerza las creencias del grupo y que parece imposible de conciliar con la forma en que otros grupos entienden esa misma historia. Aunque dicha narrativa es una interpretación subjetiva del pasado, cada grupo presenta su relato como objetivo y veraz, y considera la narrativa del otro grupo como una falsedad propagandística17. Cuando los grupos involucrados en conflictos en apariencia irresolubles adoptan historias mutuamente excluyentes, también se permiten abrazar su propia rectitud y victimismo. Las discusiones sobre estos conflictos se vuelven tan acaloradas que impiden la posibilidad de abordar cualquier otro tema. 

Muchas organizaciones comunitarias en sociedades profundamente divididas desarrollan programas que abordan estas interpretaciones divergentes del pasado reuniendo a las comunidades para que puedan conocer las narrativas de la parte contraria. Basándose en gran medida en la teoría del contacto intergrupal, formulada por el psicólogo Gordon Allport en la década de 1950 en respuesta a las divisiones entre estadounidenses blancos y afroamericanos, estos programas consideran que facilitar el contacto y el diálogo sobre el conflicto subyacente es imprescindible para superarlo. Por ejemplo, estas organizaciones pueden reunir a jóvenes que representan a diferentes comunidades en conflicto y hacer que vivan y trabajen juntos durante unos días o semanas, guiándolos en ejercicios moderados que les permiten escuchar las perspectivas de los demás, a menudo por primera vez en sus vidas. Cuando estos programas funcionan, generan empatía entre los grupos en conflicto, lo que puede desempeñar un papel crucial en la transformación del conflicto. 

CBM tiene un enfoque diferente. Cree que la creación de conexiones entre las divisiones étnicas comienza con la perspectiva de que los diferentes grupos tal vez nunca se pongan de acuerdo sobre lo que ocurrió en el pasado, pero que estos desacuerdos no deben impedirles encontrar la manera de colaborar en el presente para construir una comunidad mejor. Este enfoque descentra el conflicto histórico que a menudo descarrila los esfuerzos por crear cohesión social. En cambio, los programas de CBM se centran en encontrar objetivos e intereses comunes que puedan estimular las relaciones, a pesar de sus diferentes opiniones sobre la identidad y la historia. Es posible que los serbios y los albaneses no estén de acuerdo, al menos a 

corto plazo, sobre quién ha sufrido más o sobre los derechos de quién están más amenazados. Pero pueden ponerse de acuerdo en cuestiones que les afectan mutuamente y que no guardan relación directa con el conflicto étnico. 

Por ejemplo, un grupo de unos 15 adolescentes serbios y albaneses acudió a CBM en 2021 para proponer un proyecto de ayuda a los perros callejeros. El grupo estaba formado por antiguos alumnos de un programa de CBM que había enseñado inglés y había dado a los jóvenes serbios y albaneses la oportunidad de conocerse. CBM les ofreció con gusto un espacio para reunirse y organizarse. Los adolescentes elaboraron entonces un plan para vacunar, esterilizar y alimentar a la población local de perros callejeros, entre otras cosas instalando comederos en toda Mitrovica. CBM proporcionó el dinero necesario para la comida de los perros y otros recursos y, más tarde, puso en contacto a los jóvenes con una organización local de la sociedad civil que se ocupa de los perros callejeros. Aunque este proyecto no tenía nada que ver directamente con el conflicto que impera en la ciudad, impulsó a los jóvenes de ambos lados del río a trabajar por un objetivo común. El proyecto creó vínculos entre los jóvenes de Mitrovica, ya que se conocieron como personas interesadas en cuidar de los perros callejeros. Se hicieron amigos y se siguieron en  redes sociales, enviándose mensajes directos como equipo sobre cuándo habían visto y alimentado a los perros que cuidaban. El proyecto dio lugar a estas amistades porque su misión compartida de cuidar a los perros callejeros los unió más de lo que su identidad como serbios y albaneses los dividía.  

Otro proyecto juvenil de CBM es la Mitrovica Rock School, en la que jóvenes serbios y albaneses de Mitrovica se reúnen 

para crear y tocar música rock. Dado que las diferencias lingüísticas entre serbios y albaneses son uno de los factores que impulsan las divisiones basadas en la identidad, los jóvenes coescriben sus canciones en inglés. La Escuela de Rock se ha convertido desde entonces en una organización independiente y fue objeto del documental de 2020 Music Connects: The Real School of Rock (La música conecta: la verdadera escuela del rock). El proceso de composición musical permite a los estudiantes conocerse primero como jóvenes con un interés común por la música, en lugar de como serbios o albaneses. 

Los programas de CBM ofrecen a serbios y albaneses la oportunidad de interactuar, entablar relaciones y colaborar en proyectos comunes. Estos esfuerzos conjuntos desvían su atención de los desacuerdos históricos y la dirigen hacia sus aspiraciones comunes para el presente. Por ejemplo, para mejorar el bienestar económico de las mujeres de la región, CBM creó una cooperativa económica para apoyar el interés común de las mujeres serbias y albanesas por el éxito empresarial y comercial. Estas alianzas interétnicas desafían la desigualdad económica de género y crean una comunidad de mujeres que pueden ayudar a normalizar las relaciones entre comunidades y familias. De hecho, los líderes de CBM han observado una mayor disposición entre las mujeres de Mitrovica a dejar atrás las divisiones étnicas para participar en actividades de construcción de la comunidad. 

 

Transformar la ira en acciones por la justicia 

Los miembros de sociedades profundamente divididas suelen utilizar el pasado, a veces un pasado muy lejano, para justificar la violencia en el presente. El psiquiatra Vamik Volkan se refiere a esta lógica como una forma de «colapso temporal», en la que «las interpretaciones, fantasías y sentimientos sobre un trauma pasado compartido se mezclan con los relativos a una situación actual»18.  Como resultado, las víctimas de ayer se convierten en los perpetradores de hoy, que se creen justos y justificados19. 

En la antigua Yugoslavia, por ejemplo, los nacionalistas serbios siguen evocando su derrota en la batalla de Kosovo de 1389 a manos del Imperio Otomano como justificación de su conflicto actual con los musulmanes bosnios y albaneses. De manera similar, tanto los nacionalistas como los unionistas de Irlanda del Norte recuerdan —de manera muy diferente— la batalla del Boyne de 1690, en la que el rey protestante Guillermo III derrotó al rey católico Jacobo II, un acontecimiento que los unionistas celebraron como una victoria histórica clave y que los nacionalistas consideraron el comienzo de siglos de opresión.

La fragmentación social de Sudáfrica también tiene sus raíces en el pasado, cuando las divisiones raciales se establecieron e institucionalizaron por primera vez durante el período colonial, y luego se afianzaron aún más a través del apartheid entre 1948 y 1994. Aunque el apartheid terminó oficialmente en 1994 con la elección democrática de Nelson Mandela como presidente, su legado divisivo sigue siendo bastante visible, en particular la segregación de las comunidades raciales y las disparidades económicas entre ellas. En muchas sociedades que han experimentado ejemplos tan extremos de injusticia, pueden surgir nuevos ciclos de violencia a partir del resentimiento y la indignación. Por ejemplo, en los últimos años, las comunidades empobrecidas de Sudáfrica han dirigido su ira contra los migrantes y refugiados de otros países africanos, a quienes culpan de agotar sus ya escasos recursos. Sin embargo, la ira comprensible que se deriva de las injusticias del pasado no tiene por qué conducir a más violencia e injusticia. 

El Museo del Distrito Seis, una organización comunitaria, aborda las injusticias que generan riesgo mediante programas de conmemoración que tienen el potencial de crear nuevas formas de justicia en el presente. Entre las muchas atrocidades perpetradas por el gobierno sudafricano durante el apartheid se encuentra el desalojo forzoso de todos los residentes no blancos del barrio del Distrito Seis en Ciudad del Cabo, que comenzó en 1968, con el fin de que pudiera ser remodelado para uso exclusivo de los blancos. El museo tiene sus orígenes en 1988, seis años antes del fin del apartheid, cuando los antiguos residentes comenzaron a organizarse y a pensar en cómo conmemorar el barrio que existía antes de los desalojos y a participar en actividades de organización comunitaria, especialmente relacionadas con la restitución. 

El museo es el resultado del esfuerzo colaborativo de los antiguos residentes, quienes, junto con activistas antiapartheid, líderes comunitarios y religiosos, educadores, artistas, entre otros, se unieron para decidir cómo contar su historia y, en el proceso, reconstruir la comunidad del Distrito Seis. Uno de los principales objetivos del museo siempre ha sido abordar la injusticia subyacente del desalojo forzoso. Desde su fundación, ha luchado junto con los antiguos residentes y a su nombre por la restitución de las tierras que les fueron arrebatadas durante el apartheid. Esta lucha ha sido un proceso largo y agotador que, hasta ahora, está lejos de concluir . Sin embargo, mientras tanto, el museo también se ha centrado en encontrar otras formas de reconstruir —literal y figurativamente— el Distrito Seis, transformando la ira por la injusticia que ha sufrido esta comunidad en una lucha alegre y compartida por la justicia en la actualidad. Frente al apartheid y su legado, que han segregado y dividido a los sudafricanos, el Museo del Distrito Seis cuenta una historia que celebra la diversidad y la unidad, pintando una visión alternativa del pasado y del futuro. 

En muchos sentidos, el acto de crear el Museo del Distrito Seis encarna la idea de transformar la ira en una búsqueda de justicia. Varios ejemplos del trabajo del museo capturan esta idea en términos más concretos. La planta principal del museo, por ejemplo, ofrece una interpretación artística del mapa callejero del Distrito Seis tal y como era antes de los desalojos y la destrucción de las calles y edificios que lo definían. El mapa es una celebración de lo que fue y permite a los antiguos residentes recordar dónde vivían para garantizar que este pasado no caiga en el olvido. Funciona como un espacio de inscripción y un mapa de la memoria en el que se les anima a llenar vacíos y a participar en esa interpretación. El mapa permite a otros visitantes conocer lo que fue y verlo en relación con lo que existe allí hoy. 

Dar voz a quienes sufrieron el trauma del desplazamiento es fundamental para la labor de sanación del museo. Por ejemplo, ha utilizado la memoria de un antiguo lugar de reunión en el Distrito Seis, el Seven Steps, para crear el Seven Steps Club, un grupo para antiguos residentes desplazados y sus familias que se ha convertido en «la savia del trabajo del museo y la fuente de gran parte de su energía »20.  Otro ejemplo, el libro de cocina District Six Huis Kombuis: Food & Memory Cookbook (Huis kombuis del Distrito Seis: recetario de comida y memoria), permitió a los antiguos residentes contar su historia de vida en el Distrito Seis a través de la experiencia de cocinar y compartir una receta favorita de cuando vivían allí.

 

Las interpretaciones contradictorias del pasado influyen en la forma en que cada grupo concibe el futuro: los grupos rivales suelen entender que el único futuro viable es aquel en el que el grupo opositor ya no está presente.

 

La violencia atroz no termina solo cuando desaparecen los aspectos más visibles de esa violencia. Más bien, sus repercusiones resuenan en el futuro21. Aunque las estructuras legales oficiales del apartheid terminaron en 1994, sus estructuras económicas y la segregación iniciada a través de sus políticas siguen dando forma a la Sudáfrica contemporánea. El Museo del Distrito Seis está desempeñando un papel preventivo al tratar de poner fin a la continuación de estos efectos resonantes del apartheid en el presente. 

 

Imaginar un futuro compartido  

Las diferentes interpretaciones del pasado no solo influyen en la dinámica social del presente, sino que también determinan la forma en que cada grupo imagina el futuro. Concretamente, los grupos rivales en sociedades profundamente divididas suelen considerar que el único futuro viable es aquel en el que el grupo opositor ya no está presente. La creencia subyacente en la 

imposibilidad de la coexistencia pacífica suele conducir a altos niveles de segregación, tanto la segregación oficial que proviene de la política estatal como la segregación voluntaria alimentada por generaciones de sospecha y desconfianza hacia los miembros de otros grupos identitarios. Esta segregación contradice el objetivo de construir una democracia diversa. En resumen, la idea de que un futuro de coexistencia pacífica es inviable obstaculiza las posibilidades de transformación de los conflictos en el presente. 

Cada una de nuestras tres organizaciones principales ha diseñado programas para permitir a los miembros de diversos grupos imaginar un futuro común. CBM ofrece a los residentes la oportunidad de imaginar una nueva realidad definida por objetivos compartidos y su identidad como mitrovicanos. Por ejemplo, la organización ha convocado a representantes de los gobiernos locales liderados por personas de diferentes grupos étnicos para que trabajen juntos con el fin de mejorar las oportunidades de empleo para los jóvenes. CBM también hace hincapié en la importancia de la participación ciudadana y en proporcionar un espacio para que los grupos locales creen y participen en debates políticos, centrándose en la importancia de un compromiso compartido con lo que Mitrovica puede ser. 

Como hemos visto, la SEFF ha diseñado varios de sus programas para reunir a la comunidad de víctimas inocentes con el fin de disminuir la hostilidad entre los grupos opuestos. En la localidad de Lisnaskea, la SEFF construyó un huerto comunitario conocido como «la parcela», para que la población local cultivara hierbas y verduras. El huerto es un lugar donde los residentes de la comunidad pueden cultivar productos juntos y conocerse, lo que fomenta la cohesión social a través del trabajo conjunto en un proyecto colectivo. Todos los que participan tienen un interés común en su éxito. Bajo el lema «La comunidad creciendo junta», el proyecto promueve «aprender de la tierra que nos divide». De esta manera, la SEFF reconoce que el conflicto en Irlanda del Norte ha sido principalmente por el territorio y la tierra: quién es su propietario y quién la controla. Sin embargo, iniciativas como el huerto sirven para crear espacios comunes que actúan como oasis de convivencia en un paisaje que, de otro modo, estaría profundamente dividido en función de la identidad. 

En el caso del Museo del Distrito Seis, los antiguos residentes desplazados actúan como narradores y comparten su historia a través del prisma de su experiencia. Utilizan fotos y objetos para ilustrar cómo era la vida comunitaria en aquella época. Para los visitantes del museo, los recorridos por la exposición permanente ofrecen un espacio para reflexionar sobre el pasado y el futuro. 

En una visita reciente al museo, nos unimos a un recorrido guiado por uno de los narradores que creció en el Distrito Seis y cuya familia fue expulsada de su hogar. Los participantes eran unos pocos sudafricanos blancos, jubilados de un suburbio cercano. Uno de ellos, un médico retirado, compartió con el guía que había nacido el día de 1948 en que Sudáfrica eligió al gobierno nacionalista instaurador del apartheid. Después de escuchar la experiencia del guía, el médico comentó que «todos tenemos cierta responsabilidad de lo ocurrido» y habló del valor de su formación médica en el ahora cerrado Peninsula Maternity Hospital (Hospital Materno de la Península), también situado en el Distrito Seis, donde trabajó con personas de diferentes grupos raciales y étnicos. La interacción entre el guía narrador y el médico jubilado refleja la forma en que el museo funciona como un espacio en el que las personas pueden aprender de las diferentes experiencias en torno a los desplazamientos forzados y el apartheid, y sienta las bases para una visión compartida del futuro del Distrito Seis, Ciudad del Cabo y Sudáfrica en general. 

 

Reescribir el futuro comienza a nivel local 

Vemos una promesa real en las intervenciones que hemos estudiado que abordan la fragmentación social y mitigan la amenaza de violencia futura, particularmente en entornos donde los conflictos basados en la identidad han perdurado durante muchos años, incluso siglos. Estos esfuerzos son coherentes con el enfoque de localización en el desarrollo internacional y la filantropía global, que reconoce el poder del conocimiento indígena y la comprensión de los miembros de la comunidad de las dinámicas que contribuyen a la violencia basada en la identidad. Todas las organizaciones que hemos perfilado tienen su base en la comunidad, en una pequeña ciudad (Mitrovica), un condado rural (Fermanagh) y un barrio de una gran ciudad (Distrito Seis, Ciudad del Cabo). De este modo, encarnan las ideas fundamentales del enfoque de localización. 

Las intervenciones a nivel local ofrecen lecciones importantes que pueden adaptarse a otros contextos que experimentan violencia basada en la identidad y que se perciben como intratables. En cada ejemplo, hemos hecho hincapié en que estas intervenciones mitigadoras no son soluciones milagrosas para prevenir la violencia. A pesar de los esfuerzos de CBM, por ejemplo, la organización pospuso recientemente un festival del café que estaba previsto celebrar en el puente en septiembre de 2024. Tomó esta decisión debido a las renovadas tensiones resultantes de una combinación de violencia étnica y decisiones políticas de los gobiernos de Kosovo y Serbia que han irritado tanto a los serbios como a los albaneses en Mitrovica. CBM reprogramó el festival del café con miras a realizarlo en la primera mitad de 2025.  

Cambiar el guion en sociedades moldeadas por décadas o incluso siglos de conflicto y división basados en la identidad es un trabajo arduo. Son muchos los factores que contribuyen a la violencia basada en la identidad. Basta con observar las divisiones globales causadas por la creciente violencia en Israel, Palestina y otros países de la región para ver con qué facilidad los grupos toman partido, subrayando el sufrimiento de un grupo y borrando el sufrimiento del otro, en lugar de reconocer que la pérdida de cualquier vida inocente es una tragedia que debemos trabajar colectivamente para prevenir. Es esencial romper con las narrativas establecidas si queremos alejarnos de la percepción de que los conflictos son permanentemente irresolubles y, en su lugar, creer que es posible mitigar la amenaza de violencia futura. 

En estos contextos de violencia y sufrimiento continuos, las organizaciones de la sociedad civil siguen amplificando las voces y las acciones de quienes subrayan el poder de la narrativa, ofreciendo una visión diferente del futuro que tiende puentes entre las divisiones, en lugar de ampliarlas. Por ejemplo, el Parents Circle – Family Forum (Círculo de Padres – Foro de Familias, PCFF) es una organización conjunta de la sociedad civil israelí-palestina creada en 1995 por padres judíos israelíes y palestinos que perdieron a sus hijos en el conflicto en curso. Hoy en día, el PCFF representa a más de 700 familias que han perdido a sus hijos a causa de esta violencia. Cuando los miembros hablan en público, siempre lo hacen por parejas, un israelí y un palestino, para reconocer que el sufrimiento los ha unido, en lugar de dividirlos. Al hacerlo, contribuyen a fomentar la confianza entre las comunidades, a compartir historias y a modelar nuevas relaciones para los demás. Su mensaje es: si nosotros, que hemos perdido a nuestros familiares a causa de esta violencia, podemos unirnos y ser amigos y vecinos, entonces se puede esperar que cualquiera pueda hacer lo mismo.

La PCFF pinta un panorama diferente de lo que puede ser el futuro de Israel y Palestina, uno notablemente distinto al que aparece en las portadas de los periódicos y en las redes sociales en la actualidad. Por supuesto, la PCFF libra una batalla cuesta arriba, ya que la historia que cuenta es muy diferente de las narrativas del Gobierno de Netanyahu y de Hamás. Y no se puede esperar que organizaciones como PCFF transformen por sí solas este conflicto de décadas con sus palabras y sus acciones. Pero esta, y las demás organizaciones de la sociedad civil que se detallan en este artículo, siguen siendo ejemplos valiosos de lo que es posible. Incluso en los casos en que las divisiones basadas en la identidad han definido la forma en que las personas se relacionan con el mundo y entre sí durante generaciones, estas organizaciones de la sociedad civil demuestran que existe otra manera. El pasado puede ser un prólogo, pero eso no significa que sea una profecía. A través de sus iniciativas creativas y programas cuidadosamente diseñados, estas organizaciones están contribuyendo a hacer posible un futuro nuevo y más pacífico. 

Notas

 1 Constant Méheut, “After Monastery Shootout, Residents Say Kosovo Villages Feel Like a ‘Jungle’” (Tras el tiroteo en el monasterio, los residentes dicen que las aldeas de Kosovo parecen una ‘jungla’), New York Times, 2 de octubre de 2023. 

2 Mark Landler, “In Northern Ireland Town, Painful Memories Lie Beneath a Fragile Peace” (En una ciudad de Irlanda del Norte, los recuerdos dolorosos yacen bajo una paz frágil), New York Times, 6 de abril de 2023. 

3 Verena Hölzl, A Myanmar Rebel Group Is Accused of Persecuting Rohingya (Un grupo rebelde de Myanmar es acusado de 

perseguir a los rohingya), New York Times, 3 de junio de 2024. 

4 El campo interdisciplinario de la prevención de atrocidades, tanto en lo académico como en la práctica, es dinámico y está en crecimiento. Desde 2017, el I-GMAP ha reunido en el campus a un grupo diverso de profesionales para que compartan su trabajo con el profesorado y el alumnado, y cada año convoca un foro mundial, Frontiers of Prevention (Fronteras de prevención), en el que se dan cita investigadores y líderes en el ámbito de la prevención (desde gobiernos hasta organizaciones transnacionales y de la sociedad civil) durante dos días de conversación sobre nuevas investigaciones, experiencias de campo y oportunidades para desarrollar una red de investigadores y profesionales de la prevención. 

5 John Waller, Confronting Evil: Engaging Our Responsibility to Prevent Genocide (Enfrentar el mal: nuestra responsabilidad en la prevención del genocidio), Oxford, Reino Unido: Oxford University Press, 2016. 

6 En este artículo utilizamos los términos «atrocidades masivas» (crímenes internacionales de genocidio, crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra y limpieza étnica) y «violencia basada en la identidad» de forma algo intercambiable, ya que todas las atrocidades masivas que analizamos atacan a las personas por algún aspecto de su identidad. 

7 Como se ha señalado, existe un consenso cada vez mayor sobre los factores de riesgo de atrocidades. Véase Benjamin E. Goldsmith et al., Forecasting the Onset of Genocide and Politicide: Annual Out-of-Sample Forecasts on a Global Dataset, 1988-2003 (Pronóstico del inicio del genocidio y el politicidio: proyecciones  anuales fuera de muestra a partir de un conjunto de datos global, 1988–2003), Journal of Peace Research, vol. 50, n.º 4, 2013; Jack A. Goldstone et al., A Global Model for Forecasting Political Instability (Un modelo global para pronosticar la inestabilidad política), American Journal of Political Science, vol. 54, n.º 1, 2010; Barbara Harff, No Lessons Learned from the Holocaust? Assessing Risks of Genocide and Political Mass Murder since 1955 (¿No se aprendieron lecciones del Holocausto? Evaluación de los riesgos de genocidio y asesinato político masivo desde 1955), American Political Science Review, vol. 97, n.º 1, 2003; Naciones Unidas (UNOSAPG), Marco de análisis para crímenes atroces: una herramienta para la prevención. Oficina de los Asesores Especiales de las Naciones Unidas sobre la Prevención del Genocidio y la Responsabilidad de Proteger, 2014; Museo Memorial del Holocausto de los Estados Unidos (USHMM), Proyecto de Alerta Temprana, 2017; y John Waller, Confronting Evil: Engaging Our Responsibility to Prevent Genocide, Oxford, Reino Unido: Oxford University Press, 2016. 

8 Kerry Whigham, Remembering to Prevent: The Preventive Capacity of Public Memory (Recordar para prevenir: la capacidad preventiva de la memoria pública), Genocide Studies and Prevention, vol. 11, n.º 2, 2017. 

9 Eric Sean Williams, The End of Society? Defining and Tracing the Development of Fragmentation Through the Modern and into the Postmodern Era (¿El fin de la sociedad? Definición y seguimiento del desarrollo de la fragmentación desde la era moderna hasta la posmoderna), tesis doctoral, Colecciones Digitales de las Bibliotecas Universitarias, Universidad 

Católica de América, 2010; Adrian Guelke, Politics in Deeply Divided Societies (Política en sociedades profundamente divididas), Cambridge, Reino Unido: Polity, 2012. 

10 Hollie Nyseth Brehm, Moving Beyond the State: An Imperative for Genocide Prediction (Más allá del Estado: un imperativo para la predicción del genocidio), Genocide Studies and Prevention, vol. 13, n.º 3, 2019. 

11 Susan Appe, Nadia Rubaii y Kerry Whigham, Civil Society Organizations and the Prevention of Mass Atrocities: Perspectives from South Sudan (Organizaciones de la sociedad civil y prevención de atrocidades masivas: perspectivas desde Sudán del Sur), Public Administration and Development, vol. 43, n.º 1, 2022; Bridget Moix, Turning Atrocity Prevention Inside-Out: Community-Based Approaches to Preventing, Protecting, and Recovering from Mass Violence (Dar la vuelta a la prevención de atrocidades: enfoques comunitarios para prevenir, proteger y recuperarse de la violencia masiva), Genocide Studies and Prevention: An International Journal, vol. 9, n.º 3, 2016. 

12 Kerry Whigham, Scenarios of Intractability: Reframing Intractable Conflict and Its Transformation (Escenarios de intratabilidad: replanteamiento del conflicto intratable y su transformación), Genocide Studies and Prevention, vol. 13, n.º 3, 2019. 

13 Ibíd. 

14 Masi Noor, Rupert Brown y Garry Prentice, Precursors and Mediators of Intergroup Reconciliation in Northern Ireland: A New Model (Precursores y mediadores de la reconciliación intergrupal en Irlanda del Norte: un nuevo modelo), 

British Journal of Social Psychology, vol. 47, n.º 3, 2008. 

15 Para más información sobre la Fundación South East Fermanagh: https://seff.org.uk/. 

16 Masi Noor et al., When Suffering Begets Suffering: The Psychology of Competitive Victimhood Between Adversarial Groups in Violent Conflict (Cuando el sufrimiento engendra sufrimiento: la psicología de la victimización competitiva entre grupos adversarios en conflictos violentos), Personality and Social Psychology Review, vol. 16, n.º 4, 2012. 

17 Daniel Bar-Tal, Sociopsychological Foundations of Intractable Conflicts (Fundamentos sociopsicológicos de los conflictos irresolubles), American Behavioral Scientist, vol. 50, n.º 11, 2007. 

18 Vamik Volkan, Bloodlines: From Ethnic Pride to Ethnic Terrorism (Lazos de sangre: del orgullo étnico al terrorismo étnico), Nueva York: Farrar, Straus and Giroux, 1997. 

19 Andrew Pilecki y Phillip L. Hammack, ‘Victims’ Versus ‘Righteous Victims’: The Rhetorical Construction of Social Categories in Historical Dialogue Among Israeli and Palestinian Youth, (Víctimas versus víctimas justas: la construcción retórica de categorías sociales en el diálogo histórico entre jóvenes israelíes y palestinos), Political Psychology, vol. 35, n.º 6, 2014. 

20 De la página web del Museo del Distrito Seis. 

21 Kerry Whigham, Resonant Violence: Affect, Memory, and Activism in Post-Genocide Societies (Violencia resonante: afecto, memoria y activismo en sociedades posgenocidas), New Brunswick, Nueva Jersey: Rutgers University Press, 2022.

 

Autores originales:

  • Susan Appe es profesora asociada de administración pública y política en la Universidad de Albany, SUNY, y exbecaria docente Charles E. Scheidt del Institute for Genocide and Mass Atrocity Prevention (Instituto para la Prevención del Genocidio y la Violencia Atroz) de la Binghamton University. 
  • David A. Campbell es profesor de administración pública y políticas en la Universidad de Binghamton y becario docente Charles E. Scheidt del Institute for Genocide and Mass Atrocity Prevention de la misma universidad 
  • Kerry Whigham es profesora adjunta de prevención del genocidio y de atrocidades masivas en la Binghamton University, además de codirectora del Institute for Genocide and Mass Atrocity Prevention de la universidad.

Este artículo es contenido original de la edición #18 de Stanford Social Innovation Review en Español.

Traducción de Carlos Calles, con apoyo de DeepL.

 

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