La salud mental es un componente fundamental para abordar la violencia y el trauma a nivel individual, interpersonal y sistémico.
Eugenia Ponce recuerda claramente aquel trágico día de 2013 en el que desaparecieron a su sobrino y a otros 12 miembros de la comunidad. En los últimos diez años, ha liderado un colectivo local en su barrio natal Tepito, en Ciudad de México, para pedir justicia a su nombre. Junto con miles de familias de otras personas desaparecidas, Ponce forma parte de un movimiento nacional que lucha contra una violencia que, con demasiada frecuencia, es ignorada y desatendida.
La insidiosa naturaleza de la violencia causa estragos tanto en las vidas de sus víctimas directas como en las de sus familiares, amigos y comunidades. A veces, se perpetúa mediante represalias; otras veces, sus efectos se manifiestan internamente, desde un trauma prolongado hasta el agotamiento, o incluso pueden derivar en enfermedades. En el caso de Ponce, le ha provocado un agotamiento total. «Nadie está preparado para algo así», afirma. «En algún momento del camino, te das cuenta de que simplemente no puedes seguir adelante. Puede que sepas cuál es el siguiente paso, pero física y emocionalmente, ya no puedes más».
Ponce, al igual que un sinnúmero de personas en América Latina, tiene que afrontar las secuelas de la violencia cometida en contra de un ser querido. Desde el inicio de la pandemia de COVID-19, América Latina ha registrado un aumento en las tasas de homicidios, que ya se encontraban entre las más altas del mundo. Esto implica que muchas más personas han sufrido la violencia en carne propia.
El aumento de la violencia ha provocado oleadas masivas de migración interna y externa, a medida que las familias intentan escapar de realidades horribles fuera de su control.
¿Qué se necesita para romper los ciclos de violencia y promover la paz? ¿Cuáles son algunos de los pilares fundamentales para superar patrones y narrativas arraigadas y encontrar un nuevo sentido a la vida tras la violencia? A través de nuestro trabajo en Brio y en Glasswing, hemos sido testigos del impacto transformador que tiene integrar el apoyo a la salud mental, la sensibilización y el desarrollo de habilidades. Estas acciones permiten que las personas y comunidades encuentren sanación y liberación, incluso en presencia del trauma y el duelo. Hemos sido testigos de cómo la salud mental transforma vidas. Permite a los sobrevivientes de violencia avanzar hacia la recuperación y la autonomía, ayuda a los jóvenes que viven en entornos adversos a relacionarse consigo mismos y con los demás de manera más amable y compasiva. Además, fomenta la creación de sistemas y estructuras que responden a los efectos de la violencia con mayor comprensión y empatía, rompiendo así el círculo vicioso.
La salud mental es un pilar fundamental para abrir caminos hacia la paz en contextos donde la violencia ha sido la narrativa dominante. Promueve la sanación colectiva y nos permite contar una nueva historia sobre quiénes somos realmente.
La paz comienza por cómo nos relacionamos con nuestras propias experiencias
Tras años de activismo, Ponce se incorporó a un programa diseñado específicamente para ayudar a activistas y familiares de personas desaparecidas a tratar el impacto de forma integral, de sus dolorosas experiencias. Organizado por Casa Xitla, un colectivo de artistas, profesionales de la salud y activistas de Ciudad de México, el programa ofrece estancias de una semana para participantes de diversas partes de México, con el objetivo de atender sus necesidades urgentes de salud mental y bienestar. Partiendo de lo básico, se exhorta a los participantes a examinar su propia salud física y a aprender técnicas sencillas para desarrollar hábitos relacionados con el sueño, la nutrición y la actividad física. Durante su estancia, los participantes ponen en práctica estas nuevas rutinas. Posteriormente, el programa continúa de forma virtual a lo largo de cuatro meses para ayudarles a mantener sus nuevos hábitos y fomentar la salud de su colectivo local.
Con el objetivo de integrar aún más la salud mental en el movimiento de derechos humanos y ayudar a los participantes a fortalecer su bienestar mental, Brio se asoció con Casa Xitla para desarrollar actividades que fomenten habilidades psicológicas clave. Estas habilidades, impartidas mediante conversaciones y reflexiones experienciales, permiten a los participantes relacionarse con sus experiencias con apertura en lugar de resistencia, facilitando así el avance hacia valores personales y colectivos. Muchos de estos procesos mentales se enmarcan en el enfoque de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT, por sus siglas en inglés), una intervención psicológica basada en la evidencia que ayuda a desarrollar nuevas respuestas ante las dificultades de la vida. El objetivo principal del ACT es desarrollar la flexibilidad psicológica.
Una de las habilidades que los participantes aprenden en la ACT, es la conciencia del momento presente: cultivar la conciencia de los pensamientos y las emociones, junto con la conciencia corporal, para involucrarse plenamente en el momento presente y reconocer sus posibilidades. Un participante comentó: «Aprendí a darme cuenta de mis pensamientos y sentimientos, y qué hacer con ellos. Aprendí a cuidarme a mí mismo. Era como si estuviera viviendo bajo una sombra, y llegué a descubrir que había muchos colores y mucha luz».
Otra habilidad es la aceptación: adoptar una actitud receptiva hacia la totalidad de la propia experiencia, incluso las que son dolorosas. La aceptación aborda nuestra tendencia innata a luchar contra el dolor, evitarlo o controlarlo, lo que suele agravar nuestro sufrimiento y provoca que nos estanquemos. «Me di cuenta de que no podía seguir viviendo con preocupación, en la depresión, porque mi hermano nunca volvió. Descubrí que hay más vida por vivir y, aunque siempre sentiré el dolor de su ausencia, puedo vivir con ello», dijo otro participante.
Una tercera habilidad que desarrollan los participantes es la acción comprometida: la identificación y puesta en práctica de decisiones alineadas con sus valores ante las dificultades continuas. En particular, los participantes encuentran solidaridad a través del acompañamiento y el apoyo mutuo. Al no estar solos en su camino de sanación mientras defienden sus derechos, son capaces de unirse en su compromiso de resistirse a la autoexplotación como solución a la violencia. «Sabemos que juntos podemos lograr mucho, abrazándonos unos a otros en nuestro dolor, en nuestra rabia, en nuestra esperanza», afirmó una participante con amplia experiencia. Tras décadas de lucha por la justicia, era la primera vez que se tomaba un respiro, y descubrió que fue transformador.
Es común pensar en la violencia como una realidad externa, pero con demasiada frecuencia la lucha se vuelve interna: un estira y afloja mental y emocional que no podemos ganar. La paz comienza cuando soltamos la cuerda y aceptamos la plenitud de nuestra experiencia vivida, incluso aquellas partes que preferiríamos borrar. Al acompañar a otras personas en este proceso, podemos encontrar sentido y propósito ante la adversidad.
El apoyo estructurado es un refugio para experimentar la paz interpersonal
Al crecer en entornos donde las bandas delictivas se disputan el control, muchos adolescentes adoptan una actitud desafiante o se retraen para sobrevivir. Aunque su conducta y su actitud son respuestas naturales a entornos adversos, pueden conducir a la agresión interpersonal y a comportamientos de riesgo. Por lo tanto, para cultivar la paz a nivel comunitario, es fundamental primero fomentar la paz entre las personas, promoviendo un cambio en la forma en que se relacionan.
En Medellín, Colombia, donde un socio de Brio, Amadeus Fundación, ofrece programas musicales para desarrollar la inteligencia emocional y el bienestar, los jóvenes que han pasado por experiencias difíciles suelen recurrir a estrategias de autoprotección para defenderse de los sentimientos de vulnerabilidad. Muchos estudiantes se incorporan al programa tras haber sufrido algún trauma, ya sea en el contexto de su hogar o su barrio. Están acostumbrados a relacionarse de manera cautelosa: ofensiva, distante y, en ocasiones, violenta.
Con el fin de ayudar a los jóvenes a ampliar su repertorio de comportamientos, los profesores y el personal de Amadeus se dedican a crear nuevas experiencias relacionales que sean estructuradas y de apoyo. Dan ejemplo de compasión, empatía y disciplina en lugar de reaccionar con molestia, que es a lo que los participantes están predispuestos. Mediante la tutoría didáctica, expectativas claras y el desarrollo de habilidades emocionales, Amadeus crea un entorno donde los jóvenes pueden explorar nuevas formas de relacionarse que promuevan la conexión en lugar de la animosidad.
Este tipo de apoyo social no solo fomenta la delicadeza en lugar de la dureza, sino que también comienza a romper los círculos viciosos de violencia que suelen atrapar a quienes no ven otra salida. Al construir una cultura y un conjunto de normas basadas en valores comunitarios profundamente arraigados, Amadeus ofrece un contexto alternativo en el que una actitud que promueve la paz genera respuestas positivas. Se trata de un entorno seguro en el que los jóvenes pueden experimentar con formas de interactuar distintas a las que observan en la calle: amabilidad, generosidad, solidaridad y delicadeza.
Para adolescentes como Juan Miguel (nombre ficticio para mantener su privacidad), la transformación es palpable. Cuando se incorporó al programa a los 10 años, Juan Miguel era un chico retraído y desconectado, lo cual es una reacción habitual ante contextos violentos o impredecibles. Aunque al principio le resultó difícil, a Juan Miguel le gustaba estar en Amadeus. Había algo diferente en la forma en que lo trataban; los profesores y el personal eran pacientes y amables, incluso cuando a él le costaba hablar con ellos. Al aprender a tocar un instrumento y formar parte de la orquesta, Juan Miguel desarrolló, junto a otros jóvenes, una habilidad de la que podía sentirse orgulloso. Su habilidad para tocar el violín era suya; nadie podía quitársela.
Ahora, seis años después, Juan Miguel aporta una energía expresiva y amable en cada espacio en el que se encuentra. Apoya a los alumnos más jóvenes que se incorporan al programa y es uno de los mentores de la orquesta. La madre de Juan Miguel también apoya que participe en Amadeus. Ve cómo ha cambiado y valora las habilidades para la vida que ha aprendido.
Brindar un entorno estructurado que funja como refugio frente a la vida en la calle es el punto de partida para que los jóvenes practiquen una relación pacífica consigo mismos y con los demás. Sin embargo, estos comportamientos no se limitan al refugio, sino que se extienden a la comunidad, ya que los participantes comienzan a relacionarse de manera diferente con sus amigos y familiares. A medida que su número aumenta, ofrecen a sus compañeros un vistazo de lo que es posible, demostrando que la paz interpersonal es alcanzable, incluso en contextos plagados de violencia.
Los sistemas que tienen en cuenta la salud mental fomentan la construcción de la paz
En muchas comunidades que carecen sistemáticamente de recursos, los empleados de atención al público de las instituciones públicas no solo enfrentan una adversidad extrema, sino que también carecen de los medios adecuados para gestionar el estrés y el trauma, tanto en ellos mismos como en las personas a las que atienden. Las investigaciones científicas nos dicen que el estrés y el trauma, que pueden derivarse de la exposición crónica a la violencia, nos mantienen en una mentalidad orientada a la sobrevivencia, lo que puede socavar nuestra capacidad para pensar de forma crítica, tomar decisiones, regular nuestras emociones y comportamientos, y conectar con los demás. Esto puede dar lugar a una toma de decisiones rápida basada en estereotipos, lo que podría derivar en agresiones o victimización.
Glasswing es una organización fundada en El Salvador que opera en algunas de las comunidades más afectadas por la violencia en 12 países de América Latina y el Caribe, así como con jóvenes migrantes en Nueva York. Glasswing colabora con jóvenes, docentes, personal de salud, seguridad pública y protección infantil para crear espacios sensibles al trauma que fomenten la sanación y la resiliencia. Esto, en última instancia, permite que los niños y las comunidades prosperen.
El enfoque de salud mental de Glasswing, denominado «SanaMente», se centra en ayudar a los trabajadores de las instituciones públicas a comprender y reconocer el impacto del estrés y el trauma en ellos mismos, en sus compañeros y en las comunidades a las que atienden. También desarrollan las habilidades necesarias para gestionar y reducir los síntomas del estrés y el trauma, mitigando así los riesgos y los daños. En comunidades donde tantas personas han sido testigos o han sobrevivido a la violencia, este tipo de formación puede ser clave para fomentar la sanación y la resiliencia.
Una agente de policía de Guatemala que recibió formación de Glasswing explica: «Salimos de la comisaría y nunca sabemos si volveremos vivas o muertas. Con el tiempo, el estrés, la carga de trabajo y nuestras responsabilidades nos pasan factura… Hoy en día, prestamos un servicio más digno, más humano, más justo y menos agresivo. Nos preocupamos por las necesidades de los demás, por hacer mejor nuestro trabajo, y todo esto es el resultado de que cuidemos mejor nuestra propia salud mental». A los agentes también se les enseña a reconocer cuándo otras personas están sufriendo un trauma. Por ejemplo, aprenden a hacer que un sobreviviente se sienta seguro antes de tomar su declaración sobre lo ocurrido.
La formación de Glasswing llega a los profesionales de los sistemas públicos que interactúan directamente con las comunidades, incluidos profesores, médicos, enfermeros y trabajadores de protección infantil. «El cambio más significativo que he experimentado tras la capacitación ha sido aprender a gestionar el estrés, lo cual es una base importante para todo lo que hacemos. Cuando estamos estresados, no somos capaces de pensar con claridad», reconoció un profesor de Guatemala. Un profesional de atención médica de El Salvador explicó que, a veces, sentirse abrumado por el trabajo puede dificultar dar lo mejor de uno mismo para ayudar a las personas a recuperarse: «Parte de lo que uno necesita es ser más compasivo consigo mismo, comprender que escuchar y apoyar a alguien requiere tiempo y energía emocional». Al fin y al cabo, no se puede dar lo que no se tiene.
El programa SanaMente utiliza la narración de historias para explicar la ciencia del estrés y el trauma, destacando cómo los seres humanos se han adaptado para sobrevivir en entornos altamente amenazantes. Los participantes aprenden que los procesos biológicos desencadenan nuestra respuesta de estrés de «lucha, huida o parálisis», que nos ayuda a reaccionar rápidamente ante las amenazas y aumenta nuestras posibilidades de sobrevivencia. Hoy en día, esto a veces puede tener el efecto no deseado de provocar una tensión excesiva y un daño adicional. Para mitigar estos riesgos, SanaMente dota a las personas de habilidades para gestionar el estrés, de modo que sean menos propensas a agravar la carga del estrés y el trauma, tanto para las personas como para las instituciones.
Otro aspecto esencial de SanaMente es que el programa se ofrece a todos los empleados de las instituciones públicas participantes. Al aprender juntos, desarrollan una comprensión compartida y un lenguaje común sobre la salud mental, lo cual fomenta una mayor cohesión social y esperanza, al mismo tiempo que reduce el aislamiento, el estigma y los juicios de valor. A medida que los sistemas públicos refuerzan estas habilidades en todos los niveles, pueden contribuir mejor a la sanación y la resiliencia institucional y comunitaria. De este modo, pueden volverse aún más compasivos, eficaces y justos.
Únete al ecosistema de la salud mental y participa en nuestra sanación colectiva
La prevención eficaz de la violencia y la construcción de la paz exigen un enfoque más amplio y creativo a nivel individual, comunitario y sistémico. Podemos abordar la causa raíz ayudando a las personas y comunidades a gestionar mejor las experiencias internas difíciles, mientras transformamos los sistemas y las estructuras para fomentar la sanación. Adoptar un enfoque de salud pública inclusivo, orientado a toda la población, puede fortalecer los procesos clave que sustentan la construcción tradicional de la paz . Además de los ejemplos que hemos compartido en este artículo, modelos como «The Friendship Bench» en Zimbabue, «CorStone» en la India y «BasicNeeds» en Kenia demuestran intervenciones eficaces en materia de salud mental con la participación activa de los grupos de interés.
Para integrar verdaderamente las perspectivas y prácticas de salud mental en la construcción de la paz, necesitamos una acción colectiva. Muchos líderes del sector social han expresado que la salud mental es una gran necesidad y prioridad, pero que puede resultar difícil saber por dónde empezar. Nuestra visión es que todos nos sumemos al ecosistema de la salud mental, comenzando con los siguientes pasos y avanzando hacia una acción más comprometida.
Cambiar el discurso. Con demasiada frecuencia, la violencia y las reacciones ante ella se atribuyen a un fallo moral individual. Muchos de nosotros estamos familiarizados con el concepto de «sensibilización ante el trauma» y comprendemos que los acontecimientos estresantes y traumáticos ejercen una poderosa influencia en cómo pensamos, sentimos e interactuamos con los demás. Esto podría cambiar no solo nuestra forma de comprender las cosas, sino también nuestra respuesta. Por ejemplo, en lugar de centrarnos en el comportamiento de «la persona problemática y agresiva», empezamos a ver ese comportamiento como una señal de que esa persona está sufriendo y necesita ayuda. Las investigaciones nos indican que nuestra ira, miedo y dificultad para confiar en los demás y conectar con ellos son consecuencias normales y previsibles de los acontecimientos estresantes y traumáticos, y que, en la mayoría de los casos, no somos conscientes de nuestras respuestas o somos incapaces de controlarlas. Estas investigaciones también indican que podemos aumentar nuestra conciencia, desarrollar estrategias para afrontar y gestionar los síntomas, y construir redes sociales que proporcionen seguridad, apoyo y, sobre todo, reduzcan los casos de victimización.
Por lo tanto, una forma de reducir los juicios y cambiar los paradigmas es sensibilizar y fomentar una comprensión más generalizada de que nuestras respuestas biológicas al estrés y a las amenazas no son un reflejo de quiénes somos, sino más bien una consecuencia de nuestras experiencias, nuestro entorno y los estímulos (tanto pasados como presentes). Otra estrategia clave consiste en dotar a los ciudadanos de los conocimientos y habilidades necesarios (a través de la psicoeducación) y fomentar un sentido de autonomía, para que puedan convertirse en participantes activos en la construcción de un ecosistema más propicio para la sanación y la resiliencia.
Reflexionar juntos. La construcción de un ecosistema de salud mental comienza por tomar conciencia de lo que podría estar ocurriendo en nuestros lugares de trabajo, tanto entre los miembros del equipo como entre los miembros de la comunidad. Preguntas para debatir con tu equipo:
- ¿Se habla en tu equipo sobre el impacto del estrés?
- ¿Qué capacitación, talleres o espacios de reflexión están ya disponibles?
- ¿Cómo podrías involucrar a tus compañeros en conversaciones sobre cómo mejorar la seguridad psicológica en el trabajo?
- ¿Qué narrativas existen en la cultura de tu organización y de tus comunidades en torno a la salud mental y el bienestar? ¿Qué narrativas resultan más útiles?
Aprender y fomentar tu propio crecimiento. Existen muchos recursos disponibles para empezar a aprender sobre la salud mental y el poder de la sanación colectiva. Aquí hemos seleccionado algunos como punto de partida:
- Conoce los fundamentos de la respuesta al estrés y los factores protectores clave para ayudar a los equipos, participantes y comunidades a superar el estrés: Comprender la respuesta al estrés.
- Descubre los 50 signos y síntomas más comunes del estrés y aprende a identificar cómo puede impactarte a ti, a tus compañeros y a los miembros de tu comunidad: Efectos del estrés.
- Lee uno de los recursos más destacados sobre el estrés traumático y diversas intervenciones útiles, incluidas aquellas que pueden implementarse de forma programática fuera de entornos clínicos: The Body Keeps the Score: Brain, Mind, and Body in the Healing of Trauma (El cuerpo lleva la cuenta: Cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma) del Dr. Bessel van der Kolk.
- Participa en una capacitación básica sobre cómo apoyar a los sobrevivientes y ponerlos en contacto con los recursos disponibles tras un desastre: Formación en primeros auxilios psicológicos.
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Autores originales:
- Celina De Sola es cofundadora y presidenta de Glasswing International, una organización que aborda las causas fundamentales y consecuencias de la pobreza y la violencia en 12 países a través de iniciativas en materia de educación, salud mental y empoderamiento de los jóvenes. Es miembro de la Obama Foundation, Ashoka y LEGO ReImagine Learning, además de haber sido galardonada con los premios Skoll, The Audacious Project (ponente de TED en 2022), Tällberg Global Leader y Schwab Social Entrepreneur.
- Daisy Rosales es cofundadora y directora ejecutiva de Brio, una organización sin fines de lucro que diseña programas de salud mental escalables junto con líderes y organizaciones que prestan servicio a comunidades marginadas. De manera conjunta con socios de América Latina, Asia y Estados Unidos, Brio ha ayudado a miles de personas a desarrollar flexibilidad psicológica.
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Este artículo es contenido original de la revista de Stanford Social Innovation Review.
Traducción del artículo The Power of Mental Health to Break Cycles of Violence and Promote Peace por Jorge Treviño.
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